Category: Psychedelics


Timothy Leary y el Club Psicodélico de Harvard.

 Con Timothy Leary los psiquedélicos dejaron de ser una curiosidad propia de círculos intelectuales, o una herramienta terapéutica, para adentrarse en el centro de la cultura occidental del siglo XX, y más en concreto, en la revolución contracultural de la década de los 60. Estadounidense y psicólogo de formación, Leary era profesor de la Universidad de Harvard cuando cayó en sus manos el artículo que R.G. Wasson publicó en la revista Life, acerca de su experiencia con los hongos mágicos en México. Considerando que su camino de investigación en el campo de la psicología se encontraba estancado, Leary decidió emprender por su cuenta un viaje a México en busca de la experiencia con los hongos; y dio con ella. Allí, mientras los efectos de los hongos se desplegaban, Leary comprendió lo que a la cultura occidental le faltaba, y de paso, también comprendió lo que a la cultura académica le sobraba: especulación, abstracción y falta de participación en el proceso de la vida.

 Sí había que estar en algún sitio en 1960, ese hotspot planetario era la Universidad de Harvard. Particularmente en Divinity Lane, donde Timothy Leary, un profesor de psicología, tenía su oficina e iniciaba el Harvard Psilocybin Project. Leary, el gurú del LSD y máximo gestor del movimiento hippie, acababa de regresar de Huautla de Jimenez, México, donde había probado “la carne de dios”, los hongos psilocibe, y tenido una experiencia mística que transformaría su vida y acabaría creando una revolución social.

  Al volver a su lugar de trabajo en la universidad, Leary emprendió un programa de investigación con la psilocibina en el que participaron tanto artistas como profesores y alumnos de la universidad. Ésta subida de adrenalina -en cuanto a entusiasmo y vitalidad- no tardó en topar con la mirada suspicaz de los gestores de esa seria y respetable universidad. Como Leary mismo comentó años más tarde, los padres de los alumnos no enviaron a sus hijos a Harward para que dejaran allí su maleta y emprendieran un viaje a la India, en busca de un gurú y del conocimiento de la transcendencia, sino para que salieran de allí, al cabo de unos años, con una base académica para incorporarse al mundo laboral –principalmente en la gestión de empresas-. Así, al cabo de dos años, a Leary y sus allegados no se les renovó el contrato docente, sin que a estos les importara demasiado el acontecimiento. En realidad, a quien importó, al menos unos años más tarde, fue a la propia Administración Norteamericana.  Leary, sin solución de continuidad, prosiguió sus investigaciones fuera de la Universidad, primero en México y luego en una lujosa finca: Millbrook.

 Tim Leary, el Dr. Rebelde que buscaba encender a todo un país y para ello no dudaba en utilizar las mismas tácticas subversivas que utilizaba el gobierno para controlar a la gente… Leary, el primer shamán electrónico, que se sirviera de la teoría de medios de Mcluhan para reiventarse como un nuevo dios mediático e intentar curar así a una sociedad neurótica: “The media is the massage”… Leary quien fuera llamado por Nixon “el hombrE más peligroso del mundo” y escapara de la cárcel como un superhombre para luego ser encarcelado de nuevo y ¿tener que venderle su alma a la CIA? Leary quien diseñara un sistema para desprogramar el cerebro y utilizar el poder de los billones de estrellas que habitan en las neuronas… El eterno seductor: el eterno gusasón; quien seduciera a Ginsberg, a Burroughs y a Lennon, dosificando a las mentes más brillantes de su generación para ver después como se destruirían (o serían destruidos por el sistema que no soporta la luz, porque es un vampiro)…

 Tim Leary, quien cruzara los límites de la moral y el espacio sideral en un viaje de amor y ego y fornicara con la mujeres más lindas de California con gotas de LSD y tantra y arcoiris y eso es lo que se llama una buena fiesta pero que que acabaría siendo el peor enemigo de la exploración científica psicodélica que era de lo que se trataba todo en un inicio, que fue prohibida por más de 40 años hasta estas últimas fechas que se empieza otra vez a liberar…prohibida por la energía que libera en la gente, prohibida por los excesos de Leary que llegó demasiado rápido al palacio de la sabiduría.

 Sin planes ni rutas establecidas, un nuevo personaje entró en la vida –o quizás el cerebro- de nuestro héroe, a punto de convertirle en Mesías o gurú de los psiquedélicos. Se trata de Alan Ginsberg, un poeta de la generación beat que tras probar la LSD con Leary se convenció que esta herramienta era la mejor medicina para acabar con todas y cada una de las guerras, e instaurar una nueva época de paz y amor fraternal –e incluso mundial-. Leary dudó, pero al final se dejó convencer. Probaría ese camino, y de ello pasó a su vocación mesiánica, a ser casi un propagandista de la LSD, creando el famoso Turn on, tune in, drop out (entra en ello, afina la sintonía, deja de jugar su juego). Por si esto no fuese poco, Leary comprendió intuitivamente que las mentes de las personas maduras, ya acostumbradas a una forma de vida, no prestarían mucha atención a su mandala visionario, por lo que decidió lanzar su buenanueva a los estamentos más jóvenes de la sociedad: jóvenes, artistas, profesionales liberales y universitarios. Entroncando ya de lleno en el movimiento hippy, con los Grateful Dead y la producción clandestina de LSD de forma masiva.

 Leary dijo, “Sabes, no tenía ni idea del potencial que tiene esta investigación hasta que tuve mi primera experiencia con hongos psilocibe este verano. En el fondo, tienes que entender que no se trata de un ejercicio intelectual. Es experiencial. Es, y casi me avergüenza decirtelo, religioso. Pero es más que religioso, es despampanante. Te muestra que el cerebro humano tiene posibildiades infinitas. Puede operar en dimensiones de tiempo-espacio que jamás imaginamos. Siento que he despertado de un largo sueño ontológico”.

 La situación tomó tal velocidad que no podía tardar el momento en que la Administración probara de tomar cartas en el asunto. Estas cartas llevaron a Leary de un centro penitenciario a otro y pese a pasar varios años en la cárcel, utilizar enormes cantidades de drogas y ser marginado del mainstream, Tim Leary jamás perdió la vitalidad, la lucidez y la alegría.

 En cierta manera Leary, además de granjearse fama de ser el responsable de la persecución de la LSD y otros psiquedélicos, puede considerarse uno de los personajes que orquestó la revolución psiquedélica y el movimiento hippy, un acontecer que pasará a la memoria de la historia por más prohibiciones que pesen sobre todo ello.

 En su vejez sigió siendo un pionero de la nueva psicodelia, la ciberdelia: el internet como el cerebro global electrónico . Pionero también de la exploración mental del espacio exterior con su programa SMILE y del transhumanismo. Parte de las cenizas de Tim Leary fueron arrojadas al espacio.

 “La verdadera prueba del espíritu de una persona es la forma en la que vive su vida. Es lo que pasa después del extásis”.

 

¿Y tu, que también eres Tim Leary,  que harás después de la orgía?

 

🙂

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El uso de Psicodélicos

El uso de psicodélicos ha traído a muchas personas a confrontar la pregunta: Quiero alterar mi conciencia? Quiero examinar lo que siempre creí ser las bases de mi mundo mental?  Y ver si no es de casualidad solo el primer nivel de algo mucho más profundo. Si tan solo todos pudiéramos entrar en contacto con estos profundos niveles, a través de música, comunidad y psicodélicos disolventes de barreras encontraríamos la fuente perdida de la felicidad humana. Y de esto es de lo que se trata un chaman, restaurando la fuente perdida de la felicidad humana, guiando a las personas lejos de lo trivial y de regreso a la sabiduría del cuerpo y la comunidad. Y preguntarían; Y que hacer respecto a las víctimas que se van sucediendo y como responder a eso? La respuesta es: debemos educarnos a nosotros mismos. Debemos explicarles a las personas y otorgarles un nuevo lenguaje para hablar de sustancias y alteración de conciencia. La palabra “Drogas ha sido tan envenenada por el “sistema” que significa todo desde Aspirina hasta Heroína a LSD. Necesitamos Educarnos a nosotros y a nuestros niños sobre lo que realmente son las drogas y sobre lo que hacen. La aproximación actual (la cual consiste en rechazar todas las drogas excepto aquellas que soportan grandes industrias) ha fallado. Así que necesitamos decir: “La heroína hace esto, Psilocibina hace esto, Éxtasis Esto”. De la misma manera en la que (espero) hemos educado a nuestros niños acerca de sus opciones y oportunidades sexuales necesitamos elevar la calidad de discusión en el área de drogas, EDUCAR A LAS PERSONAS y entonces no tendremos victimas o vidas arruinadas o vidas de baja conciencia.

Absolutamente todas las drogas deberían de ser legalizadas en Occidente, tenemos el documento primario de nuestra unión, la cual garantiza la Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Ahora si la búsqueda de la felicidad no significa el hecho de auto experimentar con sustancias en nuestra propia conciencia entonces debe ser totalmente insignificante, así que veo el asunto psicodélico como parte de la gran marcha hacia la libertad humana, la cual tiene señales históricas como la abolición de la esclavitud, el derecho al voto de las mujeres, la inclusión de personas de raza negra en los procesos democráticos y el establecimiento del DERECHO UNIVERSAL de las personas de tomar sustancias para alterar sus conciencias. Todo es acerca de la marcha triunfal hacia una sociedad donde la dignidad del individuo es siempre el primer valor en ser honrado.

No queremos ser gobernados por los miedos del fundamentalismo cristiano, o la superficialidad del cientifismo o el triste vacío espiritual del materialismo. Queremos primero conectarnos con nuestros cuerpos y a través de nuestros cuerpos con el planeta. Y esto es de lo que la música rave, alucinógenos, plantas sicodélicas y el chamanismo se trata. Y gracias a Dios que así sea, porque hemos entrado a la cuenta regresiva del Apocalipsis; si no encontramos nuestro centro espiritual y establecemos una ruta fuera de la tormenta de la Historia que la ciencia ha desbordado, entonces no habrá mundo que heredarles a nuestros nietos.

Si tomas una planta que ha sido utilizada por seres humanos por miles de años, entonces tienes tus datos de investigación médica, tienes tu muestra de exposición en humanos. Si ha sido tomada por miles de años por hombres, mujeres y niños como es el caso de los hongos en México, entonces ya sabemos que no causa tumores o ceguera o infertilidad. En cambio con drogas de laboratorio, incluso puras, no sabemos con certeza los efectos a largo plazo; Y aparte en términos prácticos tenemos que agregar que los Químicos clandestinos en muchas ocasiones no son tan competentes como pudieran serlo, o no son tan cuidadosos como deberían serlo. Y resulta que obtienes un compuesto inferior de una sustancia que para empezar era de aplicación dudosa. Yo creo que para trabajo profundo, para trabajo duradero son las plantas y alucinógenos tradicionales utilizados por los chamanes las cuales nos llevan a aguas realmente profundas. En la otra mano, ciertamente por siglos todo tipo de químicos han sido utilizados para aceitar el flujo de la interacción socia y para convivir y en fiesta básicamente y no tengo problema con eso. Pero eso es un asunto completamente diferente al uso profundo de estas cosas para propósitos chamánicos o espirituales 

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por Stanislav Grof 

 El uso de las substancias psiquedélicas se remonta al alba de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales, los ingredientes de plantas que contienen poderosos compuestos que expanden la consciencia, han sido utilizados en diferentes zonas del mundo para producir estados no-ordinarios de consciencia en diversos contextos espirituales y rituales. Han tenido un papel de la mayor importancia en las prácticas chamánicas, las ceremonias de sanación aborígenes, los ritos de paso, los misterios de muerte y renacimiento y las tradiciones espirituales. Las culturas antiguas y nativas que utilizan las sustancias psiquedélicas tienen a éstas en alta estima y las consideran sacramentos: “carne de los dioses”.

Los grupos humanos que tuvieron a su disposición plantas psiquedélicas, se aprovecharon de sus efectos enteogénicos (literalmente lo divino dentro de uno) e hicieron de ellas el vehículo principal de su vida ritual y espiritual. Las preparaciones elaboradas a partir de dichas plantas hacían de mediadoras en el establecimiento del contacto vivencial con las dimensiones arquetípicas de la realidad: deidades, ámbitos mitológicos, animales de poder, fuerzas numinosas y aspectos de la naturaleza. Otro ámbito importante en el que los estados producidos por los psiquedélicos tenían un papel crucial era el diagnóstico y la sanación de distintos transtornos.
La literatura antropológica incluye muchos informes que indican que las culturas nativas utilizaban los psiquedélicos para cultivar la intuición y la percepción extrasensorial con distintos propósitos adivinatorios y prácticos, como los de encontrar a personas perdidas, obtener información sobre personas en lugares remotos y seguir los movimientos de la caza. Además, las experiencias psiquedélicas servían como importantes fuentes de inspiración artística que proporcionaban ideas para rituales, pinturas, esculturas y cantos.

En la historia de la medicina china, los informes sobre substancias psiquedélicas pueden remontarse a unos 3.000 años atrás. La legendaria poción divina, conocida como haoma en el antiguo Zend Avesta persa y como soma en los Vedas indios, era utilizada por las tribus indo-iraníes hace milenios. Los estados místicos de consciencia producidos por el soma fueron probablemente la fuente principal de la religión hindú y védica. Las preparaciones a partir de distintas variedades de cañamo han sido fumadas e ingeridas bajo distintos nombres -hashish, charas, bhang, ganja, kif y marihuana- en los países orientales, en África y en la zona del Caribe, de forma recreativa y lúdica así como en ceremonias religiosas. Constituyen un sacramento importante para grupos tan diversos como los brahamanes, algunas órdenes sufíes y los rastafaris jamaicanos, entre otros.

El uso ceremonial de distintas substancias psiquedélicas tiene también una dilatada historia en Centroamérica. Plantas muy eficaces a la hora de alterar la mente eran bien conocidas por diversas culturas pre-colombinas: los aztecas, los mayas, los olmecas y los mazatecas. Las más conocidas son peyote un cactus mejicano (Anhalonium Lewinii), el hongo sagrado teonancatl (Psilocibe mexicana) y el ololiuqui, o don diego de día (Rivea corymbosa). Dichas substancias han sido utilizadas como sacramentos hasta la actualidad por diversas tribus de indios mejicanos (huicholes, mazatecas, cora, etc.) y por la Iglesia Nativa Americana.
La famosa ayahuasca, o yajé, sudamericana es una infusión elaborada a partir de una liana de la selva (Banisteriopsis caapi) junto con otros aditivos. La zona del Amazonas es conocida también por su variedad de rapés psiquedélicos (Virola callophylla, Piptadenia peregrina). Las preparaciones a partir de la raíz del arbusto eboga (Tabernanthe iboga) han sido utilizadas por las tribus africanas, en dosis bajas, como estimulante en las partidas de caza de leones y viajes en canoa; en dosis altas, como sacramento ritual. La lista citada representa únicamente una exigua fracción de los compuestos psiquedélicos que se han utilizado a lo largo de siglos en distintos países del mundo. El impacto que las experiencias logradas en dichos estados ha tenido sobre la vida cultural y espiritual de las sociedades pre-industriales, ha sido enorme.

Las personas de nuestro ámbito cultural, que consideran el uso de las plantas psiquedélicas como algo que practican culturas exóticas y “primitivas” y que es una costumbre ajena a nuestra tradición, se sorprenderían al descubrir que las substancias psiquedélicas influenciaron mucho la antigua cultura griega, considerada como cuna de la civilización europea. Muchos gigantes de la cultura griega, incluyendo a Platón, Aristóteles, Alcibíades y Pindaro, entre otros, fueron iniciados de los misterios mediterráneos de muerte y renacimiento que se llevaban a cabo en honor a Demeter, Persefone, Dionisios, Atis, Adonis, Orfeo, etc. Según las investigaciones modernas, la pócima sagrada kykeon, administrada a miles de iniciados en los misterios de Eleusis cada cinco años durante prácticamente dos milenios, contenía un alcaloide ergótico similar a la LSD. Los psiquedélicos eran también ingredientes de los vinos utilizados en las bacanales.
La larga historia del uso ritual de plantas psiquedélicas contrasta agudamente con una historia relativamente corta de esfuerzos científicos para identificar sus alcaloides psicoactivos y estudiar sus efectos. La primera sustancia psiquedélica que fue sintetizada en forma química pura y explorada de forma sistemática bajo condiciones de laboratorio, fue la mescalina, el alcaloide activo del peyote. Los experimentos clínicos llevados a cabo en las tres primeras décadas del siglo XX con esta sustancia, se centraron en la fenomenología de la experiencia mescalínica y sus interesantes efectos sobre la percepción artística y la expresión creativa. Sorprendentemente, no revelaron su potencial terapéutico, heurístico y enteogénico. Kurt Beringer, autor del influyente libro Der Meskalinraush (La embriaguez mescalínica) publicado en 1927, concluía que la mescalina producía psicosis tóxica.
Tras estos precursores experimentos clínicos con mescalina, se hicieron muy pocas investigaciones en este fascinante y problemático ámbito hasta que en 1942, año que marcaría una época, Albert Hofmann descubrió de forma accidental las propiedades psiquedélicas de la LSD-25, o dietilamida del ácido lisérgico, una sustancia de potencia extraordinaria. Este nuevo derivado del ergot sintético, activo en cantidades increíblemente minúsculas de microgramos, o gamas (millonésimas de gramo), inició una era revolucionaria de investigación en la psicofarmacología, psicología, psiquiatría y psicoterapia. A causa de las increíbles promesas que brindaba en diferentes campos de investigación, Albert Hofmann consideró a esta nueva sustancia un “hijo prodigioso”.

El descubrimiento de los poderosos efectos psiquedélicos de minúsculas dosis de LSD pusieron en marcha lo que se ha venido en llamar la “era dorada de la psicofarmacología”. Durante un periodo relativamente corto de tiempo, el esfuerzo conjunto de bioquímicos, farmacólogos, neuropsicólogos, psiquiatras y psicólogos estableció las bases de una nueva disciplina científica que podemos denominar “farmacología de la consciencia”. Sustancias activas de otras plantas psiquedélicas fueron identificadas químicamente y preparadas en forma química pura. Tras el descubrimiento de los efectos psiquedélicos de la LSD-25, Albert Hofmann identificó los principios activos de los hongos mágicos mejicanos (Psilocibe mexicana), la psilocibina y la psilocina, y los del ololiuqui, o don diego de día (Ipomoea violacea), que resultó ser monoetilamida de ácido lisérgico (LAE-32), muy relacionada con la LSD-25.

El conjunto de las sustancias psiquedélicas se vio posteriormente enriquecido por derivados psicoactivos de la triptamina -DMT (dimetil-triptamina), DET (dietil-triptamina) y DPT (dipropiltriptamina)- sintetizados y estudiados por el grupo de químicos de Budapest liderados por Steven Szara. Los principios activos del arbusto africano Tabernanthe eboga, ibogaina, y el alcaloide puro del principal ingrediente de la ayahuasca, Banisteriopsis caapi, conocido con los nombres de harmalina, yageina y telepatina, ya habían sido aislados e identificados químicamente a principios del siglo XX. En la década de los años cincuenta, los investigadores tenían a su disposición una amplia gama de alcaloides psiquedélicos en forma pura. Ahora se hacía posible el estudio de sus propiedades en el laboratorio así como la exploración de la fenomenología de sus efectos clínicos y su potencial terapéutico. La revolución desencadenada por el accidental descubrimiento de Albert Hofmann estaba a punto de iniciar el vuelo.

Tras la publicación del primer artículo clínico sobre la LSD a cargo de Walter A. Stoll, a finales de la década de los años cuarenta, en el que el autor describía los efectos de esta extraordinaria sustancia en un grupo de voluntarios y pacientes psiquiátricos y mencionaba su posible potencial terapéutico, el “hijo prodigioso” de Albert Hofmann se convirtió en una sensación en el mundo científico. Nunca antes en la historia de la ciencia había tenido una sustancia un futuro tan prometedor en tal variedad de campos de interés.
Para los neurofarmacólogos y los neuropsicólogos, el descubrimiento de la LSD significaba el inicio de una edad de oro en el campo de la investigación que podía resolver muchas incógnitas relacionados con los neuroceptores, neurotransmisores, antagonistas químicos, el papel de la serotonina en el cerebro y las intrincadas interacciones bioquímicas que subyacen a los procesos cerebrales.

Los psiquiatras experimentales veían la LSD como un medio único para crear un modelo de laboratorio para las psicosis funcionales que se producían de forma natural o endógena. Tenían la esperanza de que las “psicosis experimentales”, producidas por minúsculas dosis de dicha sustancia, podrían proporcionar nuevas visiones profundas sobre la naturaleza de estos misteriosos trastornos y abrir nuevas vías para su tratamiento. De repente se pudo concebir que el cerebro u otras partes del cuerpo pudieran, bajo ciertas circunstancias, producir pequeñas cantidades de una sustancia con efectos similares a los de la LSD. Lo que significaba que trastornos como la esquizofrenia tal vez no fueran enfermedades mentales, sino aberraciones metabólicas que podían contrarrestarse mediante intervenciones químicas específicas. La promesa de esta investigación era, ni más ni menos, hacer realidad el sueño de los clínicos biológicamente orientados -el Santo Grial de la psiquiatría: una cura de la esquizofrenia en probeta.

La LSD también se recomendaba como una extraordinaria y poco convencional herramienta docente que hacía posible a los psiquiatras clínicos, los psicólogos, los estudiantes de medicina y las enfermeras pasar unas pocas horas en el mundo de sus pacientes y, gracias a ello, comprenderlos mejor, ser capaces de comunicarse con ellos de un modo más eficaz y mejorar sus posibilidades a la hora de ayudarles. Miles de profesionales de la salud mental aprovecharon esta oportunidad única. Dichos experimentos produjeron resultados sorprendentes.

No sólo proporcionaron profundas intuiciones sobre el mundo de los pacientes psiquiátricos, sino que también revolucionaron la comprensión de la naturaleza y arrojaron luz sobre las dimensiones de la psique humana. Demostraron que el modelo corriente, que limita la psique al inconsciente biográfico postnatal y al freudiano individual, era superficial e inadecuado. El nuevo mapa de la psique surgido de estas investigaciones añadió dos grandes dominios transbiográficos: el nivel perinatal, estrechamente relacionado con los recuerdos del nacimiento biológico, y el nivel transpersonal, que alberga los dominios del inconsciente colectivo, histórico y arquetípico, tal como los plasmara C. G. Jung.
Tempranos experimentos con la LSD mostraron que las raíces de los trastornos psicosomáticos y emocionales no se limitaban a los recuerdos traumáticos de la infancia, como suponían los psiquiatras tradicionales, sino que se hundían mucho más en la psique, alcanzando las regiones perinatales y transpersonales. Esta investigación también reveló el potencial singular de la LSD como instrumento poderoso que ofrecía la posibilidad de profundizar en el proceso psicoterapéutico y acelerarlo. Utilizando la LSD como catálisis, era posible ampliar la gama de aplicación de la psicoterapia a categorías de pacientes que anteriormente eran difíciles de abordar: pervertidos sexuales, alcohólicos, adictos a los narcóticos y criminales reincidentes.

Singularmente valiosos y prometedores fueron los primeros esfuerzos por utilizar la psicoterapia con LSD en el trabajo con pacientes terminales de cáncer. Dichos estudios mostraron que la LSD podía aliviar el dolor agudo, a veces incluso en aquellos pacientes que no habían respondido a la medicación con narcóticos. En un gran porcentaje de estos pacientes, fue también posible aliviar, o incluso eliminar, complejos síntomas psicosomáticos y emocionales como la depresión, la tensión general y el insomnio, así como aliviar el temor a la muerte, aumentar la calidad de vida durante los días que les quedaban y transformar positivamente la experiencia de la muerte.

En el caso de los historiadores y críticos de arte, los experimentos con la LSD proporcionaron nuevas intuiciones sobre la psicología y la psicopatología del arte, en particular con referencia a distintos movimientos modernos como el arte abstracto, el cubismo, el surrealismo y el realismo fantástico, así como en el caso de las pinturas y esculturas de distintas culturas nativas supuestamente “primitivas”. Con respecto a los pintores profesionales que participaron en las investigaciones con la LSD, la sesión psiquedélica marcó en ocasiones un cambio radical en su expresión artística. Su imaginación se volvía más rica, sus colores más brillantes y su estilo mucho más libre. A menudo podían también alcanzar las profundidades de sus psiques inconscientes y acariciar fuentes de inspiración arquetípicas. A veces, gente que antes nunca había pintado, era capaz de producir extraordinarias obras de arte.
La experimentación con la LSD aportó también observaciones fascinantes y de gran interés para los maestros espirituales y estudiosos de las religiones comparadas. Las experiencias místicas que se observaban con frecuencia en las sesiones de LSD, ofrecían una comprensión nueva y radical sobre una gran variedad de fenómenos del mundo religioso, incluyendo el chamanismo, los ritos de paso, los antiguos misterios de muerte y renacimiento, las filosofías orientales de corte espiritual y las tradiciones místicas del mundo. El hecho de que la LSD y otras sustancias psiquedélicas fueran capaces de desencadenar una amplia gama de experiencias de tipo espiritual, se convirtió en tema de acaloradas discusiones científicas que giraban en torno del fascinante problema relacionado con la naturaleza y el valor de este misticismo “instantáneo” o “químico”.
Las investigaciones con la LSD parecían estar en camino de satisfacer diversas promesas y expectativas, cuando se vieron truncadas por el “affair” de Harvard, que comprometía a Timothy Leary, Richard Alpert y Ralph Metzner, así como por la experimentación en masa de los jóvenes carente de toda supervisión. Las medidas represivas de naturaleza administrativa, legal y política que siguieron, tuvieron escaso efecto sobre el uso de la LSD y otros psiquedélicos en la calle, pero terminaron de forma drástica con la investigación clínica legítima. Además, los problemas asociados con esta temática fueron exagerados por periodistas sensacionalistas. Esta no fue la única razón por la que la LSD y otros psiquedélicos fueran rechazados por la cultura euroamericana. Un factor importante que contribuyó a ello fue también la actitud de las sociedades tecnológicas ante los estados no-ordinarios de consciencia.
Como he mencionado antes, todas las sociedades antiguas y pre-industriales los tenían en gran estima, ya fueran producidos por plantas psiquedélicas como por alguna variedad de las poderosas “tecnologías de los sagrado” sin intervención de drogas: el ayuno, la privación del sueño, la danza, el canto, la música, la percusión, la meditación o el dolor físico. Todos los miembros de esos grupos sociales tuvieron la oportunidad de experimentar, repetidas veces durante su vida, estados no-ordinarios de consciencia en una amplia variedad de contextos sagrados y seculares. Por el contrario, las civilizaciones industriales han convertido en patológicos dichos estados y han desarrollado métodos eficaces para suprimirlos cuando se producen de forma espontánea; los han rechazado, y han convertido en ilegales los contextos y herramientas que los facilitan. A causa de su mentalidad estrecha y de la ignorancia sobre los estados no-ordinarios, la cultura occidental no estaba preparada para aceptar e incorporar las extraordinarias propiedades modificadoras de la mente así como el poder de la LSD y otros psiquedélicos […]

Stanislav Grof, Mill Valley,
California, Agosto 2005

UN MANIFIESTO PARA  UNA NUEVA CONSIDERACION HACERCA DE LAS DROGAS

  

Un fantasma planea sobre la cultura planetaria: el fantasma de las drogas. La definición de la dignidad humana forjada por el renacimiento y elaborada en los valores democráticos de las modernas civilizaciones occidentales parece estar a punto de desaparecer. Los principales medios de comunicación nos informan, de un modo estridente, de que la capacidad humana para el comportamiento obsesivo y la adicción ha celebrado unas bodas satánicas con la farmacología moderna, el marketing y los transportes de alta velocidad. Formas químicas antes poco conocidas compiten hoy en día libremente en un amplio mercado global sin regulación. Gobiernos y naciones enteras del “Tercer Mundo” están atrapados en la esclavitud de productos legales e ilegales que promueven comportamientos obsesivos.

La situación no es nueva, pero está empeorando. Hasta hace muy poco los cárteles internacionales de narcóticos eran sumisa creación de gobiernos y agencias de inteligencia a la búsqueda de fuentes de dinero “negro” con el que financiar su propio estilo de comportamiento obsesivo institucionalizado. Hoy en día, estos carteles de la droga han evolucionado, gracias al ascenso sin precedentes de la demanda de cocaína, hasta llegar a ser delincuentes incontrolados ante cuyo poder incluso sus creadores empiezan a sentirse preocupados.

Estamos rodeados por el triste espectáculo de las “guerras de la droga”, libradas por instituciones gubernamentales que normalmente están paralizadas para la letargia y la inoperancia, o están en clara complicidad con los carteles internacionales de la droga, a los que públicamente se comprometen a destruir.

No podrá clarificarse de ningún modo esta situación de uso epidémico de las drogas hasta que no reconsideremos con detenimiento la situación presente y examinemos algunas viejas pautas, casi olvidadas, de la experiencia y el comportamiento relacionados con la droga. La importancia de una tarea de esta naturaleza no debe subestimarse. Es patente que la auto administración de sustancias  psicotrópicas, legales e ilegales, será cada vez más, una parte del futuro despliegue de la cultura global.

Desde mediados del siglo XIX, y cada vez con más rapidez y eficacia, la química orgánica ha puesto en manos de los investigadores, médico y por último de cada persona, una avalancha sin límites de drogas sintéticas. Estas drogas son más potentes, más efectivas, de más larga duración y en algunos casos, mucho más adictivas que sus parientes naturales. (Una excepción es la cocaína, que aún tratándose de un producto natural, al refinarse, concentrarse e inyectarse, es especialmente destructiva)

El advenimiento de una cultura de información global ha conducido a la ubicuidad de la información sobre las plantas afrodisiacas, estimulantes, sedantes y psicodélicas descubiertas por seres humanos curiosos en remotas y antes incomunicadas zonas del planeta. Al mismo tiempo que llega a las sociedades occidentales este flujo de información botánica y etnográfica, injertando hábitos de otras culturas en los nuestros y proporcionándonos una gran elección de amplitud desconocida hasta el momento, se han producido grandes avances en la síntesis de moléculas orgánicas complejas y en la comprensión de la maquinaria molecular de los genes y la herencia. Estas nuevas introspecciones y tecnologías han contribuido a crear una cultura muy distinta de ingeniería psicofarmacológica. Drogas de diseño como el MDMA o el éxtasis y los esteroides anabolizantes utilizados por atletas o adolecentes para estimular el desarrollo muscular, son precursores de una época de cada vez más efectiva intervención farmacológica sobre el aspecto que tenemos, nuestras formas de actuar y nuestros modos de sentir.

La idea de regular, a escala planetaria, primero cientos y luego de miles de sustancias sintéticas de fácil producción, y que después son muy buscadas, pero ilegales, horroriza a cualquiera que tenga esperanzas en un futuro más abierto y menos reglamentado.

 

UNA RECUPERACIÓN DE LO ARCAICO

 

Explorar la posibilidad de una recuperación de la arcaica o preindustrial y preliteraria- actitud hacia la comunidad, el uso de las sustancias y la naturaleza; una actitud que sirvió a nuestros ancestros prehistóricos nómadas durante largo tiempo y adecuadamente, antes del advenimiento del estilo cultural actual que llamamos “Occidente”. Lo arcaico hace referencia al Paleolítico Superior, un periodo de hace unos siete o diez mil años que precede a la invención y difusión de la agricultura. La época arcaica fue de pastoreo nómada y compañerismo, una cultura basada en la ganadería, el chamanismo y el culto a la Diosa.

Es patente que no podemos seguir considerando el uso de las drogas del mismo modo de siempre. Como sociedad global, hemos de hallar una nueva imagen que guíe nuestra cultura, que una las aspiraciones de la humanidad, con las necesidades del planeta y los individuos. El análisis del desasosiego existencial que nos impulsa a crea relaciones de dependencia y adicción con las plantas y drogas nos mostrará que, en los albores de la historia, perdimos algo muy valioso, cuya ausencia nos ha hecho enfermar de narcisismo, Únicamente una recuperación del vínculo que creamos con la naturaleza por medio el uso de plantas psicoactivas antes de la caída de la historia, puede abrirnos a la esperanza de un futuro humano abierto y eterno.

Antes de comprometernos de un modo irrevocable con la quimera de una cultura libre de drogas conseguida al precio de echar completamente por la borda los ideales de una sociedad planetaria libre y democrática hemos de hacernos unas preguntas complejas: por qué como especie estamos tan fascinados por los estados alterados de conciencia? Cual ha sido su impacto en su estética y aspiraciones espirituales? Que hemos perdido al negar la legitimidad del impulso individual de la persona a la hora de utilizar sustancias para experimentar personalmente lo trascendental y lo sagrado? Dar respuestas a estas preguntas nos obligará a afrontar las consecuencias de la negación de la dimensión espiritual de la naturaleza y las de considerar a la naturaleza únicamente como un recurso al que esquilmar y saquear. Un planteamiento ponderado de estos temas no será del agrado de los obesos del control, ni de los fundamentalistas religiosos incultos, ni del fascismo de cualquier signo.

La pregunta de cómo nosotros, ya sea como sociedad o en tanto que individuos, nos relacionamos con las plantas psicoactivas en las postrimerías del siglo XX, plantea una cuestión amplia: Como en el transcurso del tiempo, nos hemos visto conformados por las cambiantes alianzas que hemos formado y roto con varios miembros del mundo vegetal a lo largo de nuestra andadura a través del laberinto de la historia?

La leyenda primitiva de nuestra cultura comienza en el Jardín del Edén, en el instante de comer el fruto del árbol del Conocimiento. Si no aprendemos del pasado, esta historia puede acabar con un planeta intoxicado, sus bosques como mero recuerdo, su cohesión biológica rota y nuestro legado de nacimiento convertido en un páramo. Si hemos pasado algo por alto en nuestros anteriores intentos de entender nuestros orígenes y lugar en la naturaleza, ¿estamos ahora en situación de mirar atrás y comprender no solo nuestro pasado, sino también nuestro futuro, de un modo completamente nuevo? Si podemos recuperar el sentido perdido de la naturaleza como misterio vivo, podemos estar seguros de abarcar nuevas perspectivas en la aventura cultural que sin duda tenemos ante nosotros. Tenemos la oportunidad de salir del lóbrego nihilismo histórico que caracteriza el ámbito de nuestra cultura dominante, profundamente patriarcal. Estamos en situación de recuperar la arcaica comprensión de nuestra casi simbiótica relación con las plantas psicoactivas como fuente de introspección y coordinación que fluye del mundo vegetal humano.

El misterio de nuestra conciencia y poderes de autorrefleción está de algún modo vinculado a este canal de comunicación con la invisible mente que los chamanes insisten en decirnos que es el espíritu del mundo vivo de la naturaleza. Para los chamanes y las culturas chámanicas, la exploración de este misterio ha sido siempre una plausible alternativa a la mera existencia en una cultura confiada y materialista. Aquellos que vivimos en las democracias industriales podemos escoger explorar estas dimensiones  desconocidas ahora, o esperar hasta que la galopante destrucción del planeta vivo haga cualquier exploración irrelevante.

 

UN NUEVO MANIFIESTO

 

Ha llegado pues, el momento, en el gran discurso natural que es la historia de las ideas, de reconsiderar realmente nuestra fascinación por el uso habitual de las plantas psicoactivas o fisioactivas. Hemos de aprender de los excesos del pasado, particularmente de los de la década de los sesenta, pero no podemos sencillamente proclamar “Simplemente di no” o tampoco podemos ya decir “Pruébalo si te gusta”. Tampoco podemos sostener un punto de vista que pretende dividir la sociedad en usuarios y no usuarios. Necesitamos un enfoque  comprensivo para estas cuestiones que contienen en su seno las implicaciones evolutivas e históricas más profundas.

La influencia de mutaciones inducidas por la dieta en la humanidad temprana y el efecto de los metabolitos exóticos en la evolución de su neuroquímica y cultura, continúa siendo un territorio inexplorado. La adopción temprana por parte de los homínidos de una dieta omnívora y su descubrimiento del poder de algunas plantas fueron factores decisivos a la hora de desplazar los primeros humanos fuera del flujo de la evolución animal, introduciéndolos en la rápida transformación  del lenguaje y la cultura. Nuestros remotos ancestros descubrieron que ciertas plantas, cuando se auto administraban, suprimían el apetito, aliviaban el dolor, proporcionaban estallidos de energía repentinos, conferían inmunidad contra factores patogénicos o permitían correlacionar actividades cognitivas. Estos descubrimientos nos pusieron en el largo camino de la autoconciencia. Una vez nos convertimos en instrumentos omnívoros, la misma evolución se transformó, de un proceso de lentas modificaciones de nuestra forma física, en una rápida definición de formas culturales mediante la elaboración de ritos, lenguajes, la escritura, habilidades memorísticas y tecnología. Estas grandes transformaciones ocurrieron principalmente como resultado de las sinergias entre los seres humanos y las distintas plantas con las que interactuaron y coevolucionaron. Una valoración honesta del impacto de las plantas en los fundamentos de las instituciones humanas descubrirá que son absolutamente primordiales. En el futuro la aplicación de soluciones inspiradas en la botánica, como el crecimiento cero de la población, la extracción de hidrógeno del agua del mar y los programas intensivos de reciclaje, pueden ayudar a organizar nuestras sociedades y el planeta mediante unas líneas neoarcaicas más holísticas y ambientales conscientes.

La represión de de la fascinación natural humana por los estados alterados de conciencia y la peligrosa situación presente del conjunto de la vida en la Tierra están conectadas de modo causal y estrecho. Cuando suprimimos el acceso al éxtasis chamánico, cerramos las puertas a las enérgicas corrientes de la emoción que fluyen al tener una vinculación profunda y cas simbiótica con la tierra. A consecuencia de ello, los estilos sociales inadaptados que fomentan la superpoblación, el mal uso de los recursos y la intoxicación del entorno se desarrollan y se mantienen por si solos. En lo que se refiere a habituarse a las consecuencias de un comportamiento inadaptado, no existe cultura en la Tierra más narcotizada que el Occidente industrializado. Proseguimos con nuestra habitual actitud comercial en una atmósfera surrealista de crisis galopante y contradicciones irreconciliables.

Como especie hemos de reconocer la profundidad de nuestro dilema histórico. Seguiremos jugando con media baraja mientras sigamos tolerando las orientaciones del gobierno y la ciencia, que presuponen que deben dictar a que lugares puede dirigir y no puede dirigir su atención de un modo legítimo la curiosidad humana. Estas restricciones de la imaginación humana no tienen sentido y son ridículas. El gobierno no solo restringe la investigación sobre las sustancias psicodélicas que puede posiblemente proporcionarnos descubrimientos médicos y psicológicos muy valiosos, son que también se atreve a prevenir su uso espiritual y religioso. La utilización religiosa de las plantas psicodélicas pertenece al ámbito de los derechos civiles; su restricción es la represión de una legítima sensibilidad religiosa. De hecho, no es una sensibilidad religiosa la que se reprime, sino la sensibilidad religiosa, una experiencia de la religio basada en la relación plantas-humanos que existía mucho antes del advenimiento de la historia.

 

No podemos posponer ya por más tiempo una revaluación honesta de los verdaderos costos y beneficios del uso habitual de plantas y drogas frente a los auténticos costos y beneficios de la represión de su uso. Nuestra cultura global se encuentra bajo el peligro de sucumbir en el seno de un esfuerzo orwelliano por solucionar el problema mediante el terrorismo militar y policiaco dirigido a los consumidores de drogas de nuestra población y a los productores de drogas del Tercer Mundo. Esta respuesta de carácter represivo está ampliamente respaldada por un miedo irreflexivo que es producto de la falta de información y de ignorancia histórica.

Lo muy enraizados rasgos culturales explican por qué la mente occidental se muestra de pronto angustiada y represiva al considerar el tema de las drogas. Los cambios en la consciencia inducidos por sustancias revelan de un modo dramático que nuestra vida mental tiene bases físicas. Las drogas psicoactivas hacen peligrar la asunción cristiana de la inviolabilidad y al status ontológico especial del alma. Del mismo modo, desafían la idea moderna de la inviolabilidad del ego y sus estructuras de control. Resumiendo, el encuentro con las plantas psicodélicas pone totalmente en cuestión la visión del mundo de la cultura dominante.

En esta reconsideración de la historia nos encontramos a menudo con este tema del ego y la cultura dominante. De hecho, el terror que experimenta el ego al contemplar la disolución de los límites entre el sí mismo y el mundo no sólo se encuentra tras la represión de los estados alterados de conciencia, sino que, de un modo más amplio expresa la represión de lo femenino, lo extraño y lo exótico, y las experiencias trascendentales. En las épocas prehistóricas pero pos arcaicas, aproximadamente del 5000 al 3000 A.C., la represión de la sociedad fraternal a manos de los invasores patriarcales marca  el momento de la represión de la investigación experimental abierta y sin límites de la naturaleza a cargo de los chamanes. En las sociedades altamente organizadas, esta tradición arcaica fue remplazada por otra basada en el dogma, el sacerdocio, el sistema de patriarcado, la guerra y, finalmente, los valores “científicos y racionales” o dominantes.

 

LA HERENCIA DOMINANTE

 Nuestra cultura auto intoxicada por los venenosos subproductos de la tecnología e ideología egocéntrica, es la infeliz heredera de la actitud dominante que nos dicta que alterar la conciencia mediante el uso de plantas o sustancias es algo malo, onanista y socialmente perverso. Argumentaré que la represión de la gnosis chamanica con su adhesión e insistencia en la disolución extática del ego, nos ha apartado del sentido de la vida y nos ha hecho enemigos del planeta, de nosotros mismos y de nuestros nietos. Estamos destruyendo al planeta con el fin de mantener intacto el equivocado supuesto estilo cultural del ego dominante.

Ha llegado el momento de cambiar.

 

Terence Kemp McKenna (16 de noviembre de 1946 – 3 de abril de 2000), fue un escritor, orador, filósofo, etnobotánico e historiador de arte estadounidense

Timothy Leary

Con Timothy Leary los psiquedélicos dejaron de ser una curiosidad propia de círculos intelectuales, o una herramienta terapéutica, para adentrarse en el centro de la cultura occidental del siglo XX, y más en concreto, en la revolución contracultural de la década de los 60. Estadounidense y psicólogo de formación, Leary era profesor de la Universidad de Harvard cuando cayó en sus manos el artículo que R.G. Wasson publicó en la revista Life, acerca de su experiencia con los hongos mágicos en México. Considerando que su camino de investigación en el campo de la psicología se encontraba estancado, Leary decidió emprender por su cuenta un viaje a México en busca de la experiencia con los hongos; y dio con ella. Allí, mientras los efectos de los hongos se desplegaban, Leary comprendió lo que a la cultura occidental le faltaba, y de paso, también comprendió lo que a la cultura académica le sobraba: especulación, abstracción y falta de participación en el proceso de la vida.

   Al volver a su lugar de trabajo en la universidad, Leary emprendió un programa de investigación con la psilocibina en el que participaron tanto artistas como profesores y alumnos de la universidad. Ésta subida de adrenalina -en cuanto a entusiasmo y vitalidad- no tardó en topar con la mirada suspicaz de los gestores de esa seria y respetable universidad. Como Leary mismo comentó años más tarde, los padres de los alumnos no enviaron a sus hijos a Harward para que dejaran allí su maleta y emprendieran un viaje a la India, en busca de un gurú y del conocimiento de la transcendencia, sino para que salieran de allí, al cabo de unos años, con una base académica para incorporarse al mundo laboral –principalmente en la gestión de empresas-. Así, al cabo de dos años, a Leary y sus allegados no se les renovó el contrato docente, sin que a estos les importara demasiado el acontecimiento. En realidad, a quien importó, al menos unos años más tarde, fue a la propia Administración Norteamericana. Leary, sin solución de continuidad, prosiguió sus investigaciones fuera de la Universidad, primero en México y luego en una lujosa finca: Millbrook.

   Todo entraba aun dentro de los límites de lo que la sociedad bienpensante podía tolerar, hasta que Leary se topó con uno de los personajes más enigmáticos y entusiastas de la escena psiquedélica: Al Hubbard. Hubbard proporcionó la primera experiencia con LSD a Leary, un acontecimiento de intensidad inesperada que sacó a Leary de órbita, apartándolo definitivamente de todo estudio formal y académico. Tim quedó más que convencido que hacía falta hacer algo, que la sociedad occidental se encontraba en quiebra espiritual, en un camino materialista sin salida, y que todo intento para llevar la situación adelante valía la pena.

   Sin planes ni rutas establecidas, un nuevo personaje entró en la vida –o quizás el cerebro- de nuestro héroe, a punto de convertirle en Mesías o gurú de los psiquedélicos. Se trata de Alan Ginsberg, un poeta de la generación beat que tras probar la LSD con Leary se convenció que esta herramienta era la mejor medicina para acabar con todas y cada una de las guerras, e instaurar una nueva época de paz y amor fraternal –e incluso mundial-. Leary dudó, pero al final se dejó convencer. Probaría ese camino, y de ello pasó a su vocación mesiánica, a ser casi un propagandista de la LSD, creando el famoso Turn on, tune in, drop out (entra en ello, afina la sintonía, deja de jugar su juego). Por si esto no fuese poco, Leary comprendió intuitivamente que las mentes de las personas maduras, ya acostumbradas a una forma de vida, no prestarían mucha atención a su mandala visionario, por lo que decidió lanzar su buenanueva a los estamentos más jóvenes de la sociedad: jóvenes, artistas, profesionales liberales y universitarios. Entroncando ya de lleno en el movimiento hippy, con los Grateful Dead y la producción clandestina de LSD de forma masiva, la situación tomó tal velocidad que no podía tardar el momento en que la Administración probara de tomar cartas en el asunto. Estas cartas llevaron a Leary de un centro penitenciario a otro, hasta que lograron que bajara un poco de revoluciones…

   En cierta manera Leary, además de granjearse fama de ser el responsable de la persecución de la LSD y otros psiquedélicos, puede considerarse uno de los personajes que orquestó la revolución psiquedélica y el movimiento hippy, un acontecer que pasará a la memoria de la historia por más prohibiciones que pesen sobre todo ello. 🙂


Las curanderas… habían tomado pues, un total de 30 mg de psilocibina. Después de otros diez minutos el espíritu del hongo comenzó a actuar. María Sabina empezó a entonar su canto…

Albert Hofmann
Teonanácatl (1978)

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Al anochecer del 11 de octubre de 1962, en la remota aldea mexicana de Huautla de Jiménez, situada en la Sierra Madre Oriental de Oaxaca, el químico Suizo Albert Hofmann dio 30 mg de psilocibina sintética a María Sabina, a su hija y a otro chamán Mazateca.

Hofmann dio también 10 mg de la sustancia a R. Gordon Wasson, quien siete años antes se había convertido en el primer forastero que tomara deliberadamente los hongos sagrados de México, iniciándose al sacro misterio de la mano de María Sabina.

Hofmann pudo obtener diversas muestras de los hongos de María Sabina a través de Wasson, de forma que en su laboratorio de la compañía Sandoz Ltd. de Basilea consiguió aislar y caracterizar sus principios activos, a los que llamó psilocibina y psilocina.

Hofmann había conseguido sintetizar ambas sustancias y volvía ahora a México con “el espíritu de los hongos en forma de pastillas”, con la esperanza de ofrecer el nuevo fármaco a un chamán experimentado en el uso de los hongos (Hofmann 1978b).

Bajo el influjo de las pastillas de psilocibina, María Sabina celebró una velada (palabra española usada por los indios Mazatecas para referirse a una ceremonia de cura con los hongos) para Wasson, Hofmann, su mujer Anita y Irmgard Weitlaner Johnson, una de las primeras forasteras en tomar parte en el ritual de los hongos.

Aunque la psilocibina sintética tardó algo más en actuar, María Sabina dijo más tarde que no había diferencia entre las pastillas de Hofmann y los hongos. Además de demostrar de forma concluyente la validez de los trabajos de Hofmann, la histórica prueba de María Sabina se convirtió en un clásico de los experimentos científicos, sin parangón en la larga historia de la farmacognosia.

Albert Hofmann
Teonanácatl (1978)

Psiconauta

La mente de un psyconauta es buena, pero muchas de ellas juntas pueden ser una experiencia muy potente cuando se están explorando esos increíbles estados de ser… Las substancias psicodélicas y el sonido son una poderosa combinación, y cuando a esto le agregas danza y movimiento, estas de pronto comunicándote contigo mismo y con otros en una forma muy desafiante, y también con una infinita miríada de otras energías, entes, ideas y emociones. El transe quizás en la superficie parezca una actividad muy personal o egoísta, pero en realidad hay ahí toda una gama de comunicación sucediendo en todo tipo de niveles entre toda clase de gente y aun mas allá…”