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Siempre usamos más energía de la necesaria al usar músculos innecesarios, al permitir que los pensamientos den vueltas y al reaccionar demasiado con los sentimientos. Relajen los músculos, usen solamente los necesarios, almacenen los pensamientos y no expresen sentimientos, a menos que lo deseen.

No se dejen influenciar por cosas exteriores, porque en sí mismas son inofensivas; somos nosotros los que permitimos que nos lastimen.

El trabajo duro es una inversión de energía con buena ganancia. El uso consciente de energía es una inversión provechosa; el uso automático es despilfarro.