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 La primera ley de la ciencia oculta es “no matarás”, y esto debe tenerlo muy en cuenta el aspirante a la vida superior.

No podemos crear ni siquiera una partícula de barro, y, por lo tanto, no tenemos derecho a destruir ni la más mínima forma.

Todas las formas son expresiones de la Vida Una, de la Vida de Dios. No tenemos derecho a destruir la Forma por medio de la cual está la Vida adquiriendo experiencia y obligarla a construirse un nuevo vehículo.

Ella Wheeler Wilcox con la verdadera compasión de todas las almas avanzadas, campeones de la máxima ocultista, escribió las siguientes hermosísimas palabras:

 

– Yo soy la voz de los que no hablan, y por mí hablarán los que son mudos. Y mi voz resonará en los oídos del mundo hasta el cansancio, hasta que escuche y sepa los errores que comete con los débiles que carecen de palabra.

– El mismo poder formó al gorrión que al hombre, el rey. El Dios del todo dio una chispa anímica a todos los seres de pelo o pluma.

– Yo soy el guardián de mi hermano, y yo libraré su batalla; y haré la defensa del animal y del ave, hasta que el mundo haga las cosas como se debe.

 

Algunas veces se objeta que también tomamos la vida cuando comemos vegetales y frutas; pero esta objeción está basada sobre una mal entendida comprensión de los hechos. Cuando la fruta está madura, ya ha realizado su propósito, que es como matriz para la simiente. Si no se come se pudre y pierde. Además, está destinada a servir de alimento del animal y al hombre, proporcionando así a la simiente una oportunidad para crecer al caer en un suelo fértil. Además, de igual manera que el óvulo y el semen de los seres humanos es estéril sin el átomo-simiente del Ego reencarnante y sin la matriz del cuerpo vital, así también cualquier huevo o semilla en sí misma está desprovista de vida.

 

Si se le proporcionan las condiciones necesarias de incubación o tierra, la vida del espíritu-grupo entra en ella, aprovechando así la oportunidad para asegurarse la producción de un cuerpo denso. Si al huevo o a la semilla se los aplasta, se cocinan o no se les proporcionan las condiciones necesarias para la vida, la oportunidad se pierde, y eso es todo.

 

En el estado actual de nuestra jornada evolutiva, todos sabemos ya que está mal el matar, y el hombre protege y ama a los animales en todos los casos en los que sus gustos y egoístas intereses no le ciegan en sus derechos. La ley protege hasta a los gatos o a los perros contra toda crueldad desenfrenada. Salvo en el deporte (la más desenfrenada de todas nuestras crueldades contra el reino animal), siempre se mata a los animales para ganar dinero. Pero los devotos del deporte matan a esas pobres criaturas indefensas con el solo objeto de crear una falsa idea de sus proezas cinegéticas.