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Cuando el humano miró hacia afuera, se convirtió en un espejo, y pensó, he aquí ante mí la realidad. Pero nunca se dio cuenta que era solo la propia proyección de aquel que lo decía.

Así, por millones de eras el humano vagó, y Sophia quizo ayudarle, pero aquel primitivo ser llamado humano se negaba, entre más Sophia se acercaba a él, este más huía, y huyó hasta perderse en el pantano de su propia ignorancia. Empezó a tener miedo, perdió el vínculo con el Amor, perdió su fuente, su atisbo navegante en el infinito y se convirtió de una gota de Amor a una gota de un veneno llamado razón. Caminó perdiendo primero la fuente misma, se alejó de Sophia, y la misma Sophia lloraba.

 

-¿Qué te he hecho yo para que huyas hijo del hombre? ¿Dime la causa para que te escondas de mí?

 

Pero el llamado hijo del hombre se convirtió en algo similar a un hijo de la bestia y terminó incluso en contra de sí mismo, el hombre matando a su hermano el hombre, por siglos el hombre torturando al hombre, dividiendo al hombre, y huyendo más y más de Sophia.

 

Un día después de muchos miles de años, Sophia intento acercarse al hombre.

 

-Me encarnare y tomare su apariencia, tal vez me reconozca-dijo Ella

 

Pero entonces Sophia fue crucificada, otras veces envenenada, la gente allegada a Sophia en la tierra, hacía libros, construía iglesias, inventaba sacerdocios, pero nunca escuchaban lo que Sophia quería decirles. Era algo tan sencillo, pero, el humano se había vuelto tan complejo en su ignorancia. Todos sus allegados una y otra vez desoían a Sophia y la volvían ignorancia, más ignorancia, por miles de siglos.

El hombre dividió al hombre, le inventó la idea de un Dios, y de un Diablo, le amenazó con palabras y mentiras, le invento un karma, un dharma, y lo alejo aún más de la razón, a la locura misma. Y Sophia por milenios seguía hablando.

 

Un día, Sophia, llorando, se acercó a su hermana naturaleza, y se quejó.

 

-El humano no me escucha, ¿qué hago?

-No lo sé hermana-dijo Naturaleza-incluso a mí, que le doy abrigo intenta aniquilarme, le envío flores y me manda odio, le doy sustento y abrigo y me manda rencor y destrucción, incluso con sus semejantes no respeta la vida, se ha vuelto ciego, sordo y mudo, tendremos que preguntarle a nuestra madre

 

Así, Sophia y Naturaleza se quedaron en silencio, la Gran Madre no dijo nada, vivía dentro de ambas, y era ambas, se perdieron las tres en el vacío del no ser, entonces surgió una voz que retumbo todos los éteres, y solo dijo dos palabras.

 

Amor y Libertad.

Y todo quedo de nuevo en silencio.

 

Sophia entonces a diario se paraba frente a su hijo, el hijo del hombre, y una y otra vez cantaba, Amor y Libertad, es el pájaro que te lleva ¡oh Hijo del Hombre¡ Amor y Libertad es lo que eres. Despierta. Sal de tu letargo, solo despierta, no te pido más, abre tus ojos, abre tus alas y vuela al infinito, toma tus dos alas y nos encontraremos de nuevo.

Pero a pesar de los intentos de Sophia, toda la raza humana seguía hundida en su propio pantano, no tenían ni siquiera razón, mucho menos Amor, ni siquiera podían dar un pequeño margen a su alma para concebir la idea de libertad.

Se dice que Sophia aún no pierde esperanzas y a diario le dice al hijo del hombre. Amor y Libertad hijo del Infinito. Despliega tus alas para encontrarnos más allá de todo.

Sin embargo, el hijo del hombre, persiste aún con más añico el permanecer en su propia oscuridad, matando, dañando, odiando, y enalteciendo una bestia que lo ha tenido colapsado por muchos siglos. Una bestia llamada Ego.