541456_441491289255854_28700256_nEnciendo incienso y bebo agua.

Estiro la esterilla, pliego la manta y me siento encima.

Me coloco el turbante, dejo mis manos en gyan mudra sobre las rodillas y enderezo mi espalda.

Siento la base sólida y en armonía con la energía terrestre.

Bien sentado aplico un ligero mula bhanda y un ligero jalandhara bhanda. Ahora ya siento que los canales centrales de energía están dispuestos a dejar pasar todo el caudal que quiera pasar.

Y cierro los ojos.

Los elevo hacia arriba y siento el punto del tercer ojo una vez más, intentando fijar toda mi atención allí.

Y luego respiro. Inhalo profundamente, sin absolutamente recordar siquiera qué es “prisa”, y exhalo despacio, frenando el flujo de pensamientos, intentando reducirlo al mínimo. Siempre aparece algún pensamiento o emoción. Los permito, no me enfrento ni los alimento con un contrapensamiento para no pensar. Sólo los permito y los observo objetivamente. Sigo en mi posición respirando lento. Intento ser como una montaña. El pensamiento se va. Hay un espacio, un vacío que el universo llena inmediatamente con plenitud, hasta que viene un pensamiento de apego a esta sensación y claro, desaparece. Después intento perseguir esta sensación sin éxito y empiezo de nuevo.

Vuelvo a respirar despacio e intentar vaciar la mente de cualquier pensamiento o sensación. Una y otra vez, hasta hacer estable ese espacio, esa quietud, esa calma, ese lugar sagrado. Parece tener todo sentido cuando me encuentro allí. Todo tiene respuesta y no hay dudas ni miedo. No lo puedo explicar con palabras, es pura sensación o no sensación. A la vez vacío y plenitud. Lo siento, no tengo explicación. Esto es lo más aproximado que puedo describir.

Al volver, la vida sigue igual, claro, pero tú ya no la ves igual. Tienes la seguridad de que está todo bajo control y que no hay porqué preocuparse, hasta que en la rutina alguna dificultad aparece y te vas olvidando de ese espacio sagrado, si es que no haces a menudo meditación. Cuando llevas tiempo meditando cada día, esa sensación de seguridad, de no-caos, de armonía, te acompaña mucho más lejos.

No se puede conseguir con ninguna droga ni con ninguna pastilla. Sólo con tu esfuerzo y compromiso, pero merece la pena.