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El místico sufí Ibn Arabí lo resumió de modo admirable:

“Mi corazón se ha vuelto capaz de asumir cualquier forma: es la pastura de las gacelas y el convento de los monjes cristianos. Y un templo para los ídolos y la Ka’ba de los peregrinos y las tablas de la Torá y el libro del Corán. Yo soy seguidor de la religión del Amor, no importa el camino que sus camellos transiten. Mi religión y mi fe es la verdadera religión”.

A su vez, el santo tibetano Milarepa, manifestó. “La esencia de la mente es como el cielo; a veces está sombreada por las nubes del pensar que fluye. Entonces, el viento de las enseñanzas del maestro interno sopla y aleja las nubes flotantes; sin embargo, el fluir del pensar es en sí mismo la iluminación.

La experiencia es tan natural como la luz del sol y la luna; a pesar de que está más allá del espacio y el tiempo. Pero crece la certeza en nuestro corazón como si muchas estrellas brillaran; cuando así resplandece, surge magnífico el éxtasis”