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Me heriste años atrás;
Mis heridas sangraron por años.
Ahora has regresado,
Pero yo no soy el mismo.

En el pasado, los guerreros peleaban atacando los mismos puntos que usan los acupunturistas. Un famoso espadachín casi muere en un duelo en el cual su oponente lo atacó de ese modo. Después de eso, el espadachín se volvió un trotamundos y trató de renunciar a la vida marcial. Años después, su enemigo lo encontró y lo desafió a batirse en duelo nuevamente. Pelearon. En la primera ráfaga de golpes, el agresor retrocedió sorprendido. El espadachín sonrió y dijo, “He entrenado por veinte años para mover mis puntos vulnerables.” Con eso, finalmente pudo triunfar.

La espiritualidad es un proceso de sanación interior. Las heridas del pasado pueden ser los mayores obstáculos para el crecimiento personal a menos que las encontremos y las curemos todas. Esta es una tarea que puede tomar años, pero debemos llevarla a cabo.

En muchos casos, nuestras heridas fueron infringidas por otras personas –enemigos. Esto es sutil. Nuestros enemigos pueden ser otros en la calle, o personas con las que tenemos mucha más intimidad: padres, maestros, hermanos, amantes, amigos.

Si nos alejamos de dichas personas y tenemos éxito en nuestra práctica, no les será posible volver a nuestras vidas. ¿Cómo podrían? Cambiamos lo que nos había hecho vulnerables en primer lugar.

Tao