En Japón se cuenta la historia de Hotei, el “Buda que ríe”.

Su enseñanza se resumía en la carcajada. Iba de un lugar a otro, de una plaza de mercado a otra. Se ponía en medio del mercado y empezaba a reír: ése era su sermón.

Sus carcajadas eran contagiosas, realmente era una risotada. El estómago latía, bailaba al ritmo de la música. Se revolcaba por los suelos, riendo. La gente se reunía y luego se echaba a reír; y la risa se iba difundiendo, se convertía en una ola que arrollaba el pueblo entero: todo el mundo reía.

La gente esperaba siempre a que Hotei pasara por su pueblo porque llevaba la felicidad y bendiciones incomparables. No pronunciaba ni una sola palabra. Si alguien le preguntaba sobre Buda, él reía; si alguien le preguntaba sobre la iluminación, él estallaba a carcajadas; si alguien le preguntaba algo sobre la verdad, él se reía. Su único mensaje era la risa.