“Andábamos el sendero, mi compañera y yo cogidos de la mano, aunque ya no teníamos miedo a perdernos. Sabíamos que el destino nos había dejado en paz, tal vez por imposibles, tal vez por irrecuperables, por inutilizables para sus maquinaciones.

Daba igual, lo único importante es pasar desapercibidos, como decía el Don Juan de Castaneda, por delante del Águila para que no se percate de nuestra presencia y nos devore.”

 “Y es que en realidad cuando uno viaja por la historia hay muy pocos lugares y en momentos concretos a los que desearía pertenecer.

Las Cortes Galantes de Foix del 1200 y la espiritualidad de los cátaros, para mí eran uno de ellos.

Probablemente estuviera huyendo de las burdas contradicciones de mi tiempo, en las que nadie cree que viva una democracia y sin embargo no hace más que perpetuarla cerrando los ojos y abriendo la boca, ceguera y glotonería, un perfecto condicionamiento para dominar a la población más numerosa del mundo y a la más poderosa.

Grandes y voraces fieras domesticadas como gatitos, con los ojos permanentemente vendados y una droga que les hace tener un hambre insaciable, el consumismo.”

Danza