“Al decir de algunos maestros, ni los médicos curan ni los maestros enseñan, solo ejercen de pulidos espejos a través de los que puede reaccionar la voluntad del enfermo para curarse o del discípulo para aprender.

En otras palabras, ningún médico puede curar a alguien que no quiere curarse, a lo sumo se puede aliviar el dolor momentáneamente.

Es inútil intentar enseñar a quien no quiere aprender. Nadie puede andar por nosotros.

El médico o el maestro en el mejor de los casos, es aquel que abre puertas para que el enfermo o el discípulo pueda aprender a curarse o a expandir su conciencia a través de ellas.”