Un maestro ha de enseñar para los demás, no para satisfacer sus emociones, y por tanto ha de estar atento a la capacidad de captación de la enseñanza, al grado de atención y sobre todo de su interés por aprender algo nuevo, por parte de quienes se supone que lo están escuchando, y que, de momento, no cometerá la imprudencia de tomar como alumnos.

 Lejos, en la punta de mis dedos. Yo soy el tren y el éxtasis, yo soy la velocidad, yo soy mi propia libertad que respira tranquila en este momento mágico en que desaparecen los aullidos de lo superfluo, las palabras vacías, los rostros dormidos de los robots humanos, los gemidos de tantas desesperaciones inútiles, las notas disonantes de las codicias efímeras, los jadeos de las mentiras y las ambiciones que mueren en el mismo momento de nacer.

 El rumor del universo sigue fluyendo suave sobre la existencia eterna por la que corre el tren sin detenerse

Danza