La Atmósfera (elemento AIRE) es el oxígeno que tenemos en los pulmones; los Océanos, los ríos (elemento AGUA) son nuestra sangre, nuestra orina y todo el fluido acuoso en el cual se bañan nuestros ojos, nuestro cerebro, etc…

La temperatura es el elemento ígneo, es aún el fuego de los volcanes que está representado en el organismo por el calor mantenido en él, tanto como por ese “fuego” espiritual de la Fe, la energía, la fuerza vital que sirve para transmutar. Los planetas (elemento TIERRA) están simbolizados en nuestro cuerpo por la osamenta y todas las partes sólidas del organismo humano.

Las sales minerales se identifican bien con los metales principales, ellos mismos en relación directa con los planetas (oro = sol; plata = luna, etc.) y con nuestras glándulas endocrinas que, son los receptáculos de las vibraciones planetarias, además cada astro corresponde exactamente a un plexo particular.

Así, el trabajo de perfeccionamiento comienza por la identificación del Hombre con la Naturaleza: el equilibrio a establecer correctamente entre el Cuerpo y el Cosmos. 25.920 respiraciones en una jornada como los 25.920 años que tarda una estrella para completar su ronda alrededor del Zodíaco; 72 pulsaciones del corazón en un minuto como los 72 años que tomará el Sol para recorrer un grado en su aparente movimiento de retrogradación sobre la eclíptica, etc.

He ahí pues la significación exacta de “YUG”, aquel método de identificación, el Si-Individual religándose al Si-Universal, o, como dicen los Yoghis, la fusión del “Jivatma” en el “Paramatma”. Toda la Ciencia Yoga reside en esa identificación del Hombre con Dios.