La Magia, no menos que la Astrología o la Alquimia, no es religión o creencia.

Son sistemas de realización individual que permiten al hombre una toma de posesión de su verdadera Misión sobre la tierra y es por eso que los 3 Magos, simbolizando esos 3 sistemas, han venido a poner sus emblemas a los pies de un niñito en un pesebre, pero que se convertiría (y esos Iniciados lo sabían) en el Gran Instructor de una Era

 El “Magisterio”, esa sublime “maestría” que es la Magia, se convierte en ese sentido en el producto inevitable de la gran búsqueda de la Verdad.

Es la gran transmutación consciente, gradual, de la vida pasiva (carnal, animal, inferior, grosera) en una existencia más espiritual (desencarnada, desmaterializada, aligerada de las pasiones, depurada de apetitos groseros y viles instintos).

Un Alma fuerte, enriquecida de emociones puras, consciente, lúcida y dominadora del organismo físico; intuitiva, clarividente, meditativa, elevada, que tiende hacia la liberación de los deseos terrestres, hacia la suprema retirada, hacia el Plan de la perfecta Estabilidad.

 Es preciso desligarse, a medida que las pruebas nos muestran la vanidad y la fugacidad de los bienes de este mundo, de todo aquello que obstaculiza nuestro vuelo, nuestra Sublime Evasión. Amistades, amores mismos, dinero, reputación basada en el juicio del malevolente, del celoso, del envidioso; simpatías y relaciones más o menos interesadas, etc… Todo ello es irrisorio, transitorio, perecedero, fugitivo, efímero y no vale la pena retardar su Camino hacia la Liberación. Además, uno se deja distraer de la Vía Derecha y así prolonga sus pruebas, dolores, sufrimientos, decepciones, penas… Es preciso abandonar a todos esos agitados, a todos esos ruidosos, a todos esos charlatanes, a todos esos apasionados de apetitos ilusorios. Salir de esa atmósfera malsana que intoxica a los mejores “acorazados”.

Cortar una a una todas esas ligaduras que nos retienen en el mundo del dolor. Abozalar nuestro animal, disciplinarlo, domarlo, dominar ese vehículo grosero que es nuestro cuerpo físico…. Mientras que nuestra Alma emotiva verdadera, sobre las Cimas, brilla, contempla los horizontes iluminados, asciende a los cielos, penetra por las vías más sutiles en el dominio de la Inmortalidad.