Un hecho insignificante oscurece la mente del terricola, haciéndole creer que es el rey de la creación: el hombre es el animal más evolucionado del mundo físico visible en el planeta que habita. Olvida que ese planeta, la Tierra, es un ser exelso, que pertenece a dioses-astros iguales o superiores a él. Debemos aceptar que de ese Universo, infinito para nosotros, no podemos concebir ni los tiempos ni los espacios, ni las casualidades. Los reinos de la tierra existen por que son etapas de la evolución de la vida en el mundo físico visible. Son los cuatro reinos más bajos de la creación: mineral, vegetal, animal y humano. Tenemos que aceptar no solamente humanidades anteriores en nuestro planeta, sino millones de humanidades en el universo sin que sea necesario que se parezcan a nosotros.

El reino hominal se desarrollará en cada astro, en un periodo de su historia, de acuerdo con su gravedad, su presión, su temperatura, su atmósfera y sus elementos. Estará condicionado ese reino hominal al astro que le dé vida y a los astros que lo rodean. Entre una humanidad y otra puede haber mayor diferencia que la existente entre un gorgojo y un elefante. Sus cuerpos pueden ser de metales o de gases, o de materia desconocida para nosotros, pero no de pura energía. Existe un quinto reino de superhombres andróginos, con cuerpos de energía, invisibles para nosotros.

Sus finalidades nos sobrepasan  como sobrepasan las nuestras la comprensión de los animales que nos rodean. Dentro del reino hominal tenemos que aceptar la posibilidad de tantas especies de seres superiores al hombre como hay especies diferentes en nuestro reino animal. Fue necesaria la evolución mineral para hacer posible la evolución vegetal y ésta fue indispensable para la evolución animal sin la que el hombre no podría tener los maravillosos órganos que lo integran. Tiene que ocurrir lo mismo con nuestro reino hominal. De él tiene que nacer otro reino: el reino de los dioses.

El hombre existe solamente para que exísta el Superhombre. Esto no tiene nada que ver con Nietzsche ni con el superhombre de Jacques Bergier. Preferimos la versión de la Biblia: la humanidad existe para que algunos hombres hagan su camino de “ánimas vivientes” a “espíritus vivificantes”. He ahí el superhombre del que han hablado todas las religiones y todas las mitologías por que vive a lado de nosotros. He ahí la humanidad de superhombres que van formando nuestra Tierra en el curso de milenios. Todas nuestras humanidades han sido, son y serán, caldos de cultivo para el superhombre.

 El progreso de las humanidades es muy lento sobre el planeta. La finalidad humana no es progresar en el mundo físico; es la conquista de una consciencia unificada y de una posibilidad mínima de amor verdadero. La unión de la consciencia y el amor le dará a la humanidad la felicidad eterna. Muy pocos son los hombres que tienen interés en este camino espiritual. Los hombres se ilusionan con el mundo físico y creen que deben triunfar en él. Están convencidos, especialmente en esta quinta humanidad, de que su trabajo cerebral y su personalidad son grandes conquistas. La ilusión los ciega: la mente inferior y la personalidad son útiles hasta que encontramos el camino hacia una realidad superior.

El cerebro es un instrumento  y la personalidad algo que nos cubre, como una m´pascara, por poco tiempo. En griego, máscara y personalidad son una misma palabra. Somos el resultado de un proceso animal y no hemos salido de la animalidad: por eso estamos divididos en diferentes consciencias; no llegamos al amor sino a su más bajo nivel, allí donde actúan las fuerzas del Espíritu Santo para la procreación de los hombres, los animales, los vegetales y los minerales, divididos todos, aun los minerales, en dos sexos. Hemos perdido casi por completo la felicidad animal, sin haber alcanzado la felicidad verdadera, la felicidad eterna.

Somos sobras y pretendemos ser dioses por que en lo más hodo de nosotros mismos existe la certeza de que podemos contribuir a la formación de los dioses. Solamente de las humanidades han podido surgir los héroes mitológicos que han alcanzado la inmortalidad, pero las proezas que realizan son imposibles para el hombre de la Tierra.

El Valle Sagrado de Tepoztlan