Los místicos, en el curso de numerosos siglos, con toda independencia y por tanto, en perfecta armonía uno con el otro (más o menos como las partículas de un gas ideal) han descrito cada uno en particular la experiencia única de su vida en términos que pueden ser condensados en la frase: Deus factus sum “(Yo me he convertido en Dios)”.

Para qué conformarse en pensar sólo en amarillo, azul o rojo, si tenemos en nuestras manos el arco iris completo: la paleta de colores de todas las posibilidades.