La proyección da lugar a la percepción.

El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste.

Nada más.

Pero si bien no es nada más, tampoco es menos.

Por lo tanto, es importante para ti.

Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna.

Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él.

La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido.

Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado.

Y donde no hay significado, hay caos. La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo.

Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo.

Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti.

Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya. Y si ése es su significado, el poder de dar dicha tiene entonces que encontrarse en ti.

Un Curso de Milagros  Capítulo 21 RAZÓN Y PERCEPCIÓN Introducción