Una “célula” que logra recordar que aun sigue siendo tal como Dios la creo, es capaz de regenerar un tejido, orgánico o social, a partir de la influencia que ejerce sobre las generaciones subsecuentes.

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El Tejido Humano

El Mundo pensante no nos es sensible inmediatamente.

Partículas ahogadas entre otras partículas, vivimos habitualmente sin tomar consciencia de lo que debe representar, vista en su conjunto, la masa de consciencia de la que formamos parte.

Como una célula que no viera más que otras células en el cuerpo al que pertenecen. Y, sin embargo, el cuerpo existe más que los elementos de los que se compone.

En verdad, no podemos alcanzar ningún progreso decisivo en nuestras concepciones del mundo animado mientras que, permaneciendo en la escala “celular” no sepamos emerger por encima de los seres vivos para ver la Vida, por encima de los Hombres para descubrir la humanidad: no esta Humanidad abstracta y languideciente de que nos hablan los filántropos, sino la realidad física, poderosa, en la que se bañan y se influencian todos los pensamientos individuales hasta formar, por su multiplicidad, un solo Espíritu de la Tierra.

“La energía humana” Pierre Teilhard de Chardin