¿Y si la fecundación no fuera carrera de egos, victoria del más rápido, del más fuerte, sino la expresión del eterno rió de la vida manifestado en una multi-individualidadad que garantice la consecución de la meta.?
Algo así como una colectividad de viajeros, de peregrinos, apoyándose, complementándose, impulsándose, formando juntos un solo ser con cabeza y cola, principio y fin, alfa y omega, Quetzalcoatl – Dragón, recorriendo una ruta sagrada, en busca del Grial.

¿Y si sin embargo, al final, al que se le permitiera el paso al misterio de la creación, al óvulo, fuera el más humilde, el más sencillo, el capaz de ofrendar su vida sin vacilar?.
Un Nanahuatzin dispuesto al “sacrificio”, a quemarse en la hoguera, presto a cruzar el puente sabedor de que la mueerte no existe, y así con su vida dar origen a una nueva colectividad, un nuevo Sol, un nuevo cosmos, un universo hijo hecho a imagen y semejanza del universo Padre-Madre de donde el proviene.

Así este “ganador” llegaría por todos, sería uno con todos los que lo acompañaron, viviría por todos y para todos, y a todos representaría.
Entonces acompañantes y ancestros de infinidad de universos previos, vivirían en él, pues al igual que los demás, como el lo sabe, en lo esencial, aun sigue siendo “tal como Dios lo creo”, y tan solo se funde en el misterio para extender el amor divino.

Si este fuera el caso, eso significaría que son los inocentes, los sencillos, los humildes los que heredan la tierra y rigen los universos.

 

Aquarius