Ulises, el héroe mitológico de la antigua Grecia, es un magnífico ejemplo del coraje que se requiere para tomar la decisión consciente de seguir estando receptivo y presente cuando la tentación de dejarse arrastrar es intensa.
Durante su regreso por mar a Grecia, su tierra natal, después de la guerra de Troya, Ulises sabía que su barco tendría que pasar por una zona muy peligrosa habitada por unas hermosas doncellas conocidas como sirenas.
Le habían advertido que la llamada de esas mujeres era irresistible, que los marineros no podían evitar poner rumbo hacia las sirenas, estrellar sus barcos contra las rocas y ahogarse. A pesar de esto, Ulises quiso escuchar el canto de las sirenas. Conocía la profecía de que si alguien era capaz de escuchar sus voces y no ir hacia ellas, las sirenas perderían su poder y desaparecerían para siempre. Este desafío le atraía.
 
Cuando su barco se aproximó a las aguas donde vivían las sirenas, Ulises ordenó a sus hombres que se pusieran tapones de cera en los oídos y que le ataran con fuerza al mástil. Les dio instrucciones de que, por mucho que forcejeara y que lo pidiera con vehementes gestos, por muy iracundo que pareciera al ordenarles que cortaran las cuerdas, no le desataran hasta atracar en un lugar conocido, donde ya no pudieran oírse los cantos de las sirenas.
Como cabe esperar, esta historia tiene un final feliz. Los marineros siguieron sus instrucciones y Ulises consiguió su propósito. En mayor o menor grado, todos tendremos que soportar una incomodidad similar para no seguir el canto de nuestras sirenas personales, para cruzar la puerta abierta hacia el despertar.
 
Pema Chödrön
 
(Libérate, abandona tus temores y descubre el poder del ahora)