La luna brillaba como un enorme farol colgado del cielo y una hilera formada por cientos de personas cubiertas de tul blanco, subían la pendiente de una montaña. Sus siluetas asexuadas de penitentes ciegos y la mecánica marcha con la que avanzaban, no dejaban adivinar la identidad de los caminantes. Como una cadena de hormigas luminosas, avanzaban y avanzaban en forma de tren fantasma, cruzando de izquierda a derecha la silueta nocturna de aquel horizonte elevado.

En la cima, irrumpió la monótona cadencia de la escena onírica, un imprevisto revoloteo de alas de mariposas. Se levantó entonces una fortísima corriente de aire que arrancó de cuajo las ligeras vestimentas de los caminantes. Algunos se agarraban a ellas con desesperación; otros, las dejaban salir por sus cuellos y brazos, como liberados de un capullo caduco.

De pronto, las mariposas desaparecieron tan misteriosamente como aparecieron, dejando un grupo desordenado de hombres y mujeres desnud@s, danzando alegres mientras bajaban la pendiente de la montaña. Tras ella, el sol dibujaba colores de amanecer en el nuevo día.

Me despertó la certeza de que hay momentos cumbres en la vida, en la un@ puede decidir al fin desprenderse de todos los velos y volver a mostrarse en su esencia. ¿Sientes el aleteo de alguna mariposa?

 Carmen Sol