A lo largo del proceso de evolución, las humanidades han sido siempre guiadas por incontables seres que han sido capaces de alcanzar estados de consciencia superiores.

Aquellos que han logrado trascender las formas de pensamiento colectivas del presente, de una época e incluso de una edad y han dejado sus testimonios, son denominados visionarios. Entre ellos se encuentran también quienes incluso han logrado ir más allá del espacio-tiempo, y que son denominados místicos.

Un tema común a aquellos que llegan a “ver más allá” es:La trascendencia de la muerte.Basados en la contemplación de la naturaleza y sus ciclos, algunos han logrado alcanzar la perspectiva de la reencarnación como prueba de la no existencia de la muerte. Pero también existen aquellos que desafiando las creencias más profundas se han atrevido incluso a afirmar que el estado del ser puro puede recuperarse a un nivel más allá del sueño colectivo que comúnmente denominamos “la vida y la realidad”, para despertar a una diferente, superior, donde incluso la ilusión de los ciclos muerte-renacimiento puede ser trascendida. 

Esta posibilidad de un camino para el ser hacia la inmortalidad ha sido custodiada desde siempre, aunque cubierta por un velo para la conciencia ordinaria, como parte de la memoria de la humanidad.

Resguardada en la mitología, la memoria que trasciende las edades y la Historia, así como en los relatos de todos los pueblos y en diversos textos, denominados sagrados, por afirmar verdades más allá del maya, de la ilusión que damos por sentada como la única realidad. 

Sin embargo esta memoria debe ser continuamente renovada para adaptarse a los condicionamientos de la mente colectiva del momento presente, entre los que se encuentran el lenguaje, la forma de pensar, etc., y que son parte de la misma ilusión que se pretende trascender, la del espacio y el tiempo.

Solo así puede cumplir con su propósito de manera eficiente al ser comprendida y aprovechada. Solo así, logra siempre su cometido de mantenerse vigente en el tiempo al tomar sus formas, pero a la vez de ser inmutable por provenir de la fuente, más allá “del mundo”. 

Para estos tiempos, de manera similar a como en su momento Dante nos narrara en su “Divina Comedia” detalles de cómo fuera guiado por el poeta romano Virgilio a través del infierno y el purgatorio, Fresia Castro, ahora nos narra en su texto titulado “Estamos todos muertos”, como Tanos, el ángel de la muerte, deseoso de terminar su encomienda como segador de la humanidad, la va llevando hasta ser capaz de recibir la revelación de que aquello que denominamos vida, es en realidad la muerte. La condición ilusoria donde los muertos entierran a sus muertos. Un infierno, en el mejor de los casos un purgatorio. 


Así con su testimonio, Fresia, al igual que todos aquellos que han logrado vislumbrar esa realidad, se convierte para nosotros en “la Beatriz del Dante”. Guiando nuestra entrada al paraíso, aquí y ahora, donde es posible trascender eternamente la muerte. Dejando esta ilusión colectiva de los sentidos que denominamos vida, que es solo una prisión en la densidad de la materia que nos limita en el espacio y en el tiempo donde creemos encontrarnos.

Para liberarnos, afirma al igual que tantos otros, solo necesitamos recordar nuestro verdadero Ser, el inmutable, el eterno. Aquel que unido de manera permanente a la fuente es capaz de alcanzar el estado de A-MOR (SIN-MUERTE), de vida verdadera.

Ese que nos permitirá dar testimonio de una nueva realidad donde ahora los vivos, a semejanza de la fuente crean vida en los Universos.  

PAX!