Me expando hasta percibir que mi frontera no es ya mi forma física conocida sino una etérea membrana de forma ovoide, que incluso es posible traspasar, aunque no por ahora.
Lograr el parto depende de liberar toda memoria de miedo que mantiene prisionero mi ser, en la densidad de la materia.


Entro a la caverna y siento como si mi cuerpo liberara en ebullición esas memorias, disolviéndose lentamente hasta volverse nada, que es lo único que siempre han sido en el fondo.

 

Jacobo Grinberg, Amatlán de Quetzalcóatl; Enero 4, 2009

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