Los astros, los elementos de la física y los atributos diversos de la Naturaleza son considerados a menudo en sus símbolos mismos para definir ciertas cualidades espirituales.

Esa “simbólica” se apoya, por otra parte, sobre principios científicos bien establecidos. Así, se encuentran en el orden proporcional de alejamiento del astro central de nuestro sistema cósmico solar: V u 1 c a n o – M e r- c u r i o – V e n u s – (Tierra) – M a r t e – J ú p i t e r – S a t u r n o (Urano – Neptuno – Plutón).

Esos planetas se comparan a las glándulas endocrinas, como si fuesen grados que se deben escalar para transmutar esas fuerzas comunes en potencias psíquicas; ese trabajo fue el objeto de la investigación alquímica en su Operación de la Obra Magna.

Esa transmutación del vil metal (el plomo) en el metal real (el oro), se debe considerar sobre todo como una obra efectuada sobre sí mismo, en el perfeccionamiento del individuo, por una transmutación de las virtudes saturnianas (el plomo) concentradas en el plexus sexual, en cualidades espirituales cuyos elementos son gobernados por la glándula pineal, emblema solar del organismo (el oro).

En ese orden de ideas, la Kabbalah enseña el retorno a Dios por su mecanismo sefirótico en la transmutación del Malcuth en Kether, así como el sistema Yoga preconiza el ascenso de esa energía vital (Kundalini) a través de los centros nervo-fluídicos (chakras) a partir de Muladhara (centro del sexo, asimilado a Saturno), para llegar a Sahasrara (loto con los mil pétalos que simboliza la cumbre de la cabeza y que es el emblema del Sol).

Ese retorno al símbolo del astro central, empezando por la maestría que simboliza dicho astro, el más alejado, marca bien nuestro descenso a la materia, nuestro alejamiento del Principio y 1a necesidad de la reintegración en el Absoluto. Se sabe que esos centros de fuerzas en el hombre, no sólo concuerdan con los planetas (puesto que el organismo es sobre todo un compuesto de sales minerales, un extracto —en un cierto modo— del sistema planetario) sino también con los elementos de la física.

Así Saturno, que rige el primer chakra inferior, esta todavía en relación con la “tierra”, elemento sólido, que se debe entender en el sentido de una “tierra elementaria”; el segundo chakra está relacionado con Júpiter y el elemento agua; en el tercer grado tenemos a Manipura Chakra, el cual está bajo la influencia de Marte y del elemento Fuego (el principio ígneo en la idea filosófica, en lo que se refiere como siempre a los elementos esotéricos); el cuarto grado está al nivel del corazón y Venus, naturalmente, es su emblema: este grado será el elemento Aire en acción particular.

Más allá de esos cuatro elementos físicos (tierra, agua, fuego y aire), que indican el gran principio simbólico inicial del cuaternario, se añaden los elementos extra-físicos: el “AEther”, con Mercurio, para el Vishuddha Chakra (emanación de la Tiroides); el “Sutil”, con el penúltimo Chakra (Agna), es la vibración de la pituitaria donde deben concentrarse los rayos de Vulcano; se concede generalmente a la Luna este dominio del “plano mental” a fin de conservar el equilibrio simbólico del luminario nocturno, cerca del astro del día, el Sol, el cual representa la Conciencia Universal en ese último estadio chákrico, que es la residencia de la pineal.