La Sangre del Mundo circula en las venas del Hombre Encarnado y recalienta su ser desde el interior,

 Y Hermes, como el que lleva la antorcha del otro Sol, el Sol que luce a media noche —aquel TOTH, Dios de las almas difuntas— se hunde en las profundidades de las nieblas del subconsciente, y sale de ellas vencedor para subir de nuevo a la superficie del Pensamiento, como portador de las esencias escasas que eligió minuciosamente, a fin de que puedan lucir en las esferas apacibles y ovales donde reina su maestro Zeus