Eres tú, Tú, mi amigo, el más grande, es tu chispa espiritual en los abrazos

celestes. Tú, el que debe abrazar toda esta tierra y al mismo tiempo encarnar la

idea más luminosa durante esos días oscuros de la historia.

Tú, Sacerdote divino y Labrador trágico.

A través de tu pobre persona tan ciega, Dios mismo querría contemplar

todos los callejones sin salida de aquí abajo ypor tus oídos oír la queja de los

miles de seres que andan a tientas en la oscuridad.

 

Los ojos son como una boca que aspira formas y colores, abrevando el

alma humana y llevándola fuera de sí misma en la inmensidad infinita de la

catedral del Universo.

Así se manifiesta la correspondencia milagrosa del “microcosmo” y del

Gran Templo del Mundo.

Una parte del alma, como ave de luz, deja —siguiendo el camino de los

sentidos— el atrio, la cumbre de la cabeza, como un pichón deja su nido y

empieza a volar encima del inmenso domo de cúpula de zafiro y muros

transparentes, mientras que otra parte se encierra en una capilla interior,

semejante a un ser arrodillado junto al Santo de los Santos.

Llena de amor hacia la belleza inmaculada de todas esas formas, gestos y

colores, la Virginidad del alma se ofrece a la Virgen del Cosmos visible, que la

envuelve dulcemente con su manto azul-rojo. Somos testigos del nacimiento del

canto de admiración que emana de la relación del interior y del exterior, de lo

personal y de lo universal.

 

Hay un centro que hace morir la periferia y hace renacer otra en ella. Hay

una “Cámara Interior” que aspira TODO, donde todo desaparece en la Nada

(según el camina trazado por todos los rayos que provienen del Círculo

Máximo), pero que hace aparecer de nuevo (al mismo tiempo), la misma Cosa

en su metamorfosis, en los mismas confines del Universo.

Hay un punto de encuentro (un primer ALTAR) de Dios con su emanación,

con una chispa consciente del Fuego Divino; es el nacimiento de un Mundo

Nuevo: el Muy Grande se ofrendó al minúsculo, mientras que el muy Pequeño

se hizo Grande.

Hay un primer lugar de intercambio entre el Creador y el Creado, un sitio

donde El vierte su “soplo” sobre un ser que QUIERE aspirarlo y que lo expira

bajo otra forma, como Espíritu: El Espíritu Santo, porque lo que nació es

fecundado por encima. No es solamente la conversación entre la circunferencia

y un punto central, entre la Esfera del Mundo y todos sus centros (¡que son tan

numerosos como los Egos encarnados!), sino también un crucero de esa esfera

inhalante y exhalante en movimiento perpetuo con su “eje”. Es así como el

intercambio entre el Exterior y el Interior se cruza con una “línea” trazada en el

Mundo del Espíritu Puro, en el Mundo de las Alturas Divinas, las cuales se

reflejan en los Fondos y en lo Bajo que están en relación con lo Alto, relación

oculta que se traduce por HERMES TRIMEGISTO.

Entre los dos ojos está este punto misterioso donde se verifica ante todo el

“cruzamiento” (donde se forma esta CRUZ), situado entre la esfera luminosa

supra-física de la comprensión del Exterior y del Interior, realizada por la

Inspiración superior. La cruz así trazada en la frente es semejante a una cruz

sobre el altar de un templo, junto a la cual un sacerdote es el testigo de una

consagración y celebra una ofrenda en la cual el alma comulga a medida que

“piensa”. Ese sacerdote es el YO del hombre que contempla, que comprende,

que utiliza el órgano del Pensamiento.