Se nota cada día más la debilidad de nuestro organismo, y eso es debido a las ventajas constantes de las comodidades modernas; departamentos demasiado calientes, camas muy mullidas, vestidos múltiples, etc…

Nuestros pies están escasamente en contacto con el suelo bienhechor; poco tiempo se está consagrado al aire libre, a la marcha, al ejercicio, al descanso verdadero en relajación completa. Nuestro cuerpo es menos resistente a causa del progreso, que le anima a la pereza sometiéndolo, al mismo tiempo, a un esfuerzo nervioso constante.

La recuperación de esa energía no puede hacerse, a causa de la pobreza de los productos que se le ofrece como compensación. Ya las malas costumbres son adquiridas y se necesita una gran maestría para tomar de nuevo el control.

Así, las comidas espirituales vienen a veces a ayudar al ser humano, descontento de su lucha diaria y que sufre casi automáticamente. El hombre, aquel Adán eterno, debería, sin embargo, tomar de nuevo su sitio verdadero en el Universo, eso, sobre todo en el sentido psíquico. Los sistemas intentaron establecer un orden social, pero el problema no es tan orgánico como espiritual.