Como ya sabemos, desde Aristóteles, nuestro cuerpo es una unidad autónoma, cuyas partes están en relación funcional entre ellas, y existen como servidores del todo. Nuestro cuerpo compuesto de sangre, de tejidos y de espíritu, consta sobre todo del agua de la lluvia, de los manantiales y de los ríos.

Este líquido contiene sales minerales y constituye el substratum de las células de la sangre: sodio, magnesio, calcio, potasio, cobre, hierro, zinc. También hay elementos llevados por los animales o las plantas: leche, materias hidrogenadas, grasas, azúcar, hojas de legumbres y raíces. Finalmente es necesario realizar que los elementos que entran en el compuesto del cuerpo humano son idénticos a los que componen los astros.

De ahí esa similitud entre el macrocosmo y el microcosmo, acerca de la cual insistimos siempre al profesar el sistema Yoga que nos reveló esas correlaciones hace miles de años. Todos los ocultistas conocen estas relaciones directas entre el cuerpo y los metales, los planetas, etc. (glándula pineal: oro, sol; glándula pituitaria: plata, luna; glándula tiroides: azogue, mercurio; etc.).

En su libro “El hombre, ese desconocido”, demuestra Alexis Carrel esa ley universal que rige al hombre como a la naturaleza. Demuestra por ejemplo que: “Los elementos químicos que entran en la composición del cuerpo, son idénticos a los que componen el sol, la luna o las estrellas. No hay diferencia ninguna entre el oxígeno atmosférico del planeta Marte y el oxígeno que respiramos. El hidrógeno contenido en la molécula de glicógeno del hígado, de los músculos y el calcio del esqueleto, son los mismos que el hidrógeno y el calcio de las llamas que cinematografió Mac Math en la atmósfera del sol.

El hierro de los glóbulos rojos de la sangre es igual al de los meteoritos. Los átomos de sodio que ondean como una niebla ligera en los espacios intersiderales, podrían ser utilizados por nuestros tejidos, como los de la sal en nuestras comidas. En resumen, todos lo elementos químicos con los cuales está hecho nuestro cuerpo vienen del cosmos, de la tierra, del aire y del agua. Los elementos químicos se comportan de la misma manera en el interior como en el exterior del cuerpo.

Desde Claude Bernard sabemos que las leyes de la fisiología son fundamentalmente las mismas que las de la mecánica, de la física y de la química. Los modos de ser de las cosas son invariables: por ejemplo, las leyes de las multitudes, de la capilaridad, de la ósmosis, de la hidrodinámica no cambian en la profundidad de nuestros tejidos”.

En resumen, dice además el sabio, “nuestro cuerpo es un fragmento del cosmos, arreglado de una manera muy particular, pero en el cual se manifiestan las mismas leyes que en el resto del mundo. Está constituido con los mismos elementos que su ambiente físico”.