“¡Estudien el camino que les enseño y no miren a mi dedo!”.

Se conoce la anécdota del Buda, quien detenía a la gente que buscaba al agresor, cuando un moribundo estaba ahí en el suelo con una saeta en la espalda…

“¡Qué importa de dónde viene o quién arrojó el arma! Curen la herida ante todo”, dijo él.

Sí, qué importa de dónde viene la enseñanza o quien la enseña; se acepta o se rehusa el mensaje y esto independientemente de El que lo ofrece.

 El hombre moderno, y sobre todo el hombre occidental, está espiritualmente ciego, y como el Doctor Alexis Carrel dice (en “La Oración”): “El hundimiento de nuestra civilización se debe atribuir a la mala calidad del individuo.

En realidad, lo espiritual se presenta tan indispensable al éxito de la vida con lo intelectual y lo material.

Así, pues, es urgentísimo resucitar en nosotros mismos las actividades mentales, las cuales, mucho más que el genio, dan a la personalidad su fuerza.

La más desconocida entre ellas es el sentido de lo sagrado o sentido religioso”.

Advertisements