En fin, la Magia debe ser entendida como la Ciencia Tradicional de los secretos de la Naturaleza, la cual nos viene de los Magos (de los Grandes Maestros de otros tiempos).

Por medio de esta ciencia, el adepto se encuentra investido de una especie de toda-potencia relativa y puede obrar sobrehumanamente, es decir, de una manera que sobrepasa el alcance común de los hombres.

Es de esta manera, que varios Iniciados han podido ser adorados después de su muerte, como dioses.

Para llegar al Sanctum Regnum, es decir, a la ciencia y a la potencia de los Magos, cuatro cosas son indispensables: una inteligencia aclarada por el estudio, una audacia que nada puede detener, una voluntad que nada puede romper y una discreción que nada puede corromper o embriagar.

Son estas cuatro condiciones las que están resumidas en el axioma hermético: SABER – QUERER – OSAR – CALLAR.

Estos cuatro verbos puede combinarse conjuntamente de cuatro maneras, que se explican 4 veces, los unos por los otros.

Se inscriben simbólicamente según las formas de la esfinge (Cabeza humana, signo astrológico del Acuarius: Saber.

Cuerpo de toro, su signo zodiacal correspondiente: Querer.

Patas y cola de león, signo astrológico equivalente: Osar. Las alas, emblemas de la transmutación, corresponden al signo misterioso Aguila-Escorpión del zodíaco que equivale a Callar).

Aún se inscriben en los tarots (oros-bastos-espadas-copas) y en todas las otras manifestaciones simbólicas de este famoso cuaternario (estaciones, razas, edades, tetragrama divino, etc…).