Los dos elementos principales de base (FUEGO y AGUA) están simbolizados por dos triángulos: el uno con la punta hacia arriba el (FUEGO) porque sube, es la llama del principio ígneo, tanto como lo es en sentido figurado el fuego interno, la Flama sagrada, la idea de la evolución, el espíritu que quiere retornar a Dios; el otro, con la punta hacia abajo (el AGUA), porque es la involución en la materia, es la encarnación del espíritu que viene del Absoluto, Dios hecho hombre, la sustancia líquida que desciende del cielo, en lluvia, al mundo de la materia, tal como el agua espiritual de los místicos.

El uno es positivo (el FUEGO) porque es evolutivo; el otro negativo (el AGUA) porque es involutivo; es cuando el ser se sumerge en pasividad que recibe la influencia de lo Alto.

Los dos elementos secundarios emanados de éstos: el Aire y la Tierra, son igualmente positivo (AIRE triángulo con la punta hacia arriba pero con una línea transversal para marcar que no está completo) y negativo (TIERRA triángulo con la punta hacia abajo, pero con una raya horizontal también, para señalar la separación de los dos mundos).

Este conjunto acoplado se presenta bajo el símbolo del Sello llamado de Salomón, que caracteriza el equilibrio perfecto: el macrocosmo y el microcosmo éstas son las fuerzas en acción.