La sola diferencia que existe entre un animal y un hombre es la facultad de pensar.

Si el hombre vive mecánicamente para beber, comer y dormir, se coloca por sí mismo en el estado animal; de ahí que el hombre materialista defendiendo la tesis del ateísmo es simplemente un ser espiritualmente animalizado, en el sentido común de la palabra, hasta el punto de que se queda en el estado precedente de su evolución en la historia de la vida completa (mineral-vegetal-animalhumano- suprahumano).

 En el plano mental es justamente la división entre estas dos categorías de individuos que se caracterizan entre los humanos como materialistas o espiritualistas. El plano mental incluye dos estados que son, uno inferior y otro superior, siendo el primero el animal perfeccionado u hombre salvaje, y el segundo el hombre perfeccionado listo para pasar al estado de hombre-dios.

El hecho de estar en una región denominada civilizada, de pertenecer a una categoría de individuos llamados colectivamente naciones, y de ostentar grados universitarios, no implica garantía de no pertenecer al estado mental inferior, y, por lo tanto, este individuo en lugar de aprovechar sus hipotéticas cualidades se exime de PENSAR REALMENTE y vive completamente en desacuerdo con las leyes naturales de la evolución humana (absorción de alcohol que hace perder el equilibrio del razonamiento sano, alimentación desordenada y, sobre todo, la nutrición que proporcionan las carnes de animales opuesta a todas las leyes del buen sentido, venenos de narcóticos, tabaco, etc.); no es raro, pues, ver en Occidente personalidades diplomadas que ignoran los primeros rudimentos de la sabiduría de vivir.

Maestre Serge Raynaud de la Ferrière