Siete centros constituyen los comandos de la máquina humana: las glándulas endocrinas son las palancas visibles; los plexos (llamados chakras en sánscrito) son sus testigos en el astral. Naturalmente sabemos que el cuerpo astral interpenetra al cuerpo físico, por consiguiente, los siete centros fluídicos (del cuerpo astral) se manifiestan en el vehículo carnal igualmente.

Una fuerza sutil, un poder vital, una corriente magnética, llamada kundalini en sánscrito, se encuentra en estado latente en cada individuo, y con ciertos ejercicios de respiraciones rítmicas, con la ayuda de posiciones especiales (asanas), el ser humano llega a poner en acción corrientes especiales (sukshma) que calientan el canal central, y kundalini elevándose en el centro del cuerpo ilumina las diferentes centros (chakras), hasta el punto de transmutar las fuerzas físicas en poder espiritual.

Se simboliza a menudo a kundalini con una serpiente enrollada sobre sí misma y que se levanta a consecuencia de ciertas posturas del cuerpo, concentración mental y conocimientos diversos del mecanismo, para que el sistema sea válido.

En todos los tiempos y en todas las religiones, se ha tenido conocimiento de esta fuerza que es necesario desarrollar, y todas las prácticas, ya sean individuales (yoga: palabra sánscrita que quiere decir Unión – Comunión – Fusión, naturalmente en el sentido del Yo personal con la Conciencia Universal), o ya sean colectivas (misa, ambiente creado por sesiones diversas, etc.), consagran la función de esta fuerza interna que se yergue al través de los centros.