No podemos vivir creyendo que somos seres conscientes si no sabemos de qué nos alimentamos y qué repercusión tiene eso para toda la Tierra.

Ni somos conscientes del daño que hace al planeta, por ejemplo, el consumo de carne, debemos saber ciertos datos que demuestran la insostenibilidad medio-ambiental de la cultura carnívora.

“Para la obtención de 1 Kg de carne de vaca se necesitan 15.000 l. de agua y 15 Kg de cereales. De un cultivo de 100 m cuadrados de soja se obtienen 5 Kg de proteína. Si se utiliza para alimentar al ganado, sólo se conseguirá 1/2 Kg de carne. 

– El 80 % de los recurso acuíferos del planeta se destina al consumo del ganado. 

– El modo de vida carnívoro del 25 % de la población mundial, se queda con más de la mitad de la producción total de grano, en un planeta con casi mil millones de personas desnutridas. Si cada habitante del primer mundo redujera su consumo de carne en un 10 %, el grano sobrante bastaría para alimentar a los 60 millones de personas que mueren cada año de hambre. 

– Durante su vida, un consumidor medio de carne occidental come 11 vacas, 43 cerdos, 36 ovejas y 1.100 pollos. 

– Contribuimos a la manipulación industrial de animales, sometidos demasiado a menudo a unas condiciones terribles de vida, hacinados en diminutas jaulas toda su vida sin poderse casi mover, separados de sus hijos al nacer, engordados exagerada y artificialmente, enfermos y cebados con antibióticos para mantenerlos vivos en ese cruel entorno.“

 

 El caso de los jugos de fruta, que supuestamente contienen vitaminas incluso añadidas, es otra falsedad. Cualquier fruta ­minutos después de exprimida ya ha perdido sus vitaminas, así que cuando compras jugos de fruta envasados, están comprando un agua cara, llena de aditivos químicos. Es decir, algo peligroso y totalmente innecesario. Las bebidas con gas, tienen el añadido de dióxido de carbono. Si, ese mismo gas que sueltan los coches, derivado de la combustión del petróleo.