Se trata pues, de ponerse en estado de comunicación con Dios a fin de acelerar nuestra evolución; buscar la misma longitud de onda, la misma gama de vibraciones.

Cuando se quiere captar un concierto transmitido por una estación radiodifusora cualquiera, es menester buscar en el cuadrante de nuestro radio la misma longitud de onda que el de la difusora que hace la emisión.

Sucede de idéntica manera en nuestras relaciones con Dios: tenemos que volvernos aparatos receptores para recibir su influencia y debemos, sobretodo, perfeccionar nuestro equipo, cambiar las lámparas usadas, es decir, tomar nuevas luces, adquirir otros conocimientos recurriendo a las fuentes religiosas y entonces reforzar las cualidades espirituales haciendo trabajar nuestros centros psíquicos a fin de dar potencia a nuestros amplificadores.