Robert Fludd dice: “El alma de los minerales se desarrolla bajo la acción de los planetas. El alma de los vegetales bajo la acción del sol, y al desarrollarse se multiplica, pues cada grano de semilla contenida en el cáliz de las flores es un alma distinta que recubre una delgada envoltura de agua y de tierra”.

 La analogía nos permite ver que una misma ley une la marcha de una célula y la de un órgano; que una ley idéntica dirige la marcha de un continente y la de todo el planeta concebido como un Ser orgánico especial. Nuestra tierra baña, alternativamente, una parte de sus hemisferios en el fluido solar; de allí resulta el día y la noche que corresponden a una expiración y una inspiración del ser humano.

En el organismo del mundo los planetas (órganos del sistema solar) circulan en el fluido solar reparador. En el organismo humano el fluido reparador es la sangre que circula por los órganos que baña. La tierra aspira el movimiento por el Ecuador y lo expira por los Polos.

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