La Tierra soporta; el Agua y el Aire animan, y el Fuego Solar mueve creando todas las fuerzas físicas, y la fatalidad gobierna la marcha de todas estas fuerzas y de todos los seres.

Estos elementos circulan a través de tres reinos: los minerales, lentamente descompuestos por las raíces de los vegetales que los asimilan y los transforman en substancias vegetales, las que son cargadas de principios dinámicos por los rayos solares y que el aire atmosférico viene a animar. Los animales, a su vez, toman las substancias vegetales que digieren y transforman en substancias animales. Y la Vida Universal, idéntica para todos los seres, circula a través de todos los reinos, animando tanto a la más leve brizna como al cerebro del Gran Cuadrumano.

Cada uno de estos tres reinos manifiesta un centro particular del organismo terrestre. El reino mineral constituye la osamenta, el centro de digestión y de excreción; el reino vegetal, constituye el centro anímico, digiriendo el mineral y purificando continuamente el aire atmosférico indispensable a todos los seres; por fin, el reino animal, el centro intelectual en el cual evolucionan el instinto y la inteligencia, a través de la penosa ascensión hacia la conciencia.

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