Un chamán urbano contaba la vivencia que tuvo en un viaje: Un grupo de turistas se adentraron en una selva espesa y pantanosa, donde desorientarse era muy sencillo. La abundante y monótona vegetación, el calor y el cansancio, terminaban por nublar la conciencia y provocar un estado de semiestupor que confundía al viajero. En un momento del trayecto, el norte podría estar en cualquier lado al igual que los otros puntos cardinales, parecía que nadie sabía su ubicación en el terreno, ni si avanzaban hacia la salida o cada vez se encontraban más y más metidos en el corazón de la selva.

Finalmente, no supo guiar al grupo el más inteligente de ellos, ni el que más capacidad física tenía, ni el que más se había documentado sobre ese lugar. El que acertó con la ruta adecuada no fue otro que el que anteriormente ya la había recorrido.

Igual pasa en nuestra vida, los mejores guías son los que han vivido alguna vez la experiencia de la pérdida.