“Había dejado la lectura en el momento en que el mago entiende que sólo podrá derrotar al dragón, que se transforma y disfraza en toda clase de enemigos, si descubre su nombre y lo invoca en voz alta.

Seguí leyendo, pues, para descubrir que, finalmente, el mago entiende cuál es el nombre de su enemigo: su propio nombre.

Lo pronuncia en voz alta y, en ese momento, el enemigo desaparece. Es la última prueba que debe superar el mago: pronunciar su nombre desde la luz del corazón, que le permite ver en su totalidad el personaje que ha ido representando en esta vida, y de ese modo librarse de él.”

Juan Trigo