“… -Estamos hablando de una formidable obra llamada Consejo de Dios, la tierra desaparece, el sepulcro, ese gran murciélago de piedra, abre sus alas de sombra en el sepulcro de la resurrección y golpea en su vuelo contra la llameante ventana de cristal de las estrellas, el ave siniestra va de planeta en planeta, y su llanto nocturno, cada vez que toca el borde de una constelación, se vuelve un canto de luz, emerge del crepúsculo trayendo el alba, emprende el vuelo al Infierno y anuncia el Paraíso, parte como un búho y arriba como una alondra, escapa del viejo tronco del árbol humano y se posa en el extremo de cada rama en el punto donde la fruta se vuelve una estrella, deja los espacios ahuecados de los cráneos, salta de paraíso en paraíso, anida de gozo en gozo, se sienta en todos los globos uno tras otro e incuba en el cielo el huevo de cada arcángel.”
“Conversaciones con la eternidad”: Víctor Hugo