El planeta necesita, no de hijos que vivan todavía los conflictos de su historia, necesita de hermanos que vivan en los tiempos actuales y peleen sus propias luchas, no las de sus padres.  Hoy la Tierra necesita de todos. Nuestro planeta reclama una nueva conciencia global, es el tiempo de levantar la voz por una civilización que  viva para el mañana, de gobiernos que siembren la prosperidad del  mañana, necesitamos reorientar los caminos.  

Que los ciudadanos del mundo sepan que un sacrificio hoy podrá traer una  garantía de vida a sus hijos mañana.  ¡No sacrifiquen sus bosques!  Sacrifiquen un poco sus vidas hoy, mas piensen en el futuro que les tocará  mañana vivir a sus hijos.  Esta es la verdadera lucha de los pueblos autóctonos de la Tierra. La lucha  por la tierra de sus hijos. Por eso hoy les repito… estamos iniciando una revolución silenciosa, una  revolución que nace dentro del corazón. Que reorienta esfuerzos, alinea  propósitos, endereza rumbos… y define acciones.

 

Una lucha que no se ganará con gritos ni con odios del pasado. Se ganará con la luz de los corazones conscientes de que el mañana tan esperado por todas las razas ha llegado. Ese día que siempre se anunció: Cuando el “Gran Espíritu hablaría con voz de trueno” ha llegado. Pero el trueno no es en los cielos.  El trueno es en los corazones de los que escuchan esta verdad.

Es el momento de unirnos en torno a una revolución silenciosa. Que cada pueblo tome un puñado de su tierra, emprenda un peregrinaje  sagrado en busca del águila que parada sobre un nopal devore a una serpiente, y todos juntos, ahí, donde la señal los llame. Unan sus tierras. Como símbolo de unos pueblos que se unen. La revolución ha empezado y el mensaje debe llegar limpio y puro a los  nuevos corazones.

Drunvalo Melchizedek