Mientras los gobiernos sigan pensando que al luchar lo hacen por su propio país, mientras piensen que pueden ganar una guerra y que esto les da beneficios a sus pueblos. El mundo seguirá en guerra.  Lo que es necesario para todos los hombres y mujeres del mundo, es  entender que en una guerra… todos perdemos. 

Pierde el que gana, porque deberá arrastrar en su conciencia la sangre de  todos los seres humanos que mató. Pierde porque debe cargar con la suerte  y el odio de los pueblos a los que sometió. Pierde porque sus propios  soldados enferman de odio, de remordimiento, de dolor, y esa enfermedad  queda en sus familias que después las pasan a sus hijos y poco a poco van  creando una sociedad donde la guerra está justificada y el enemigo no es  únicamente el soldado extranjero, el enemigo es todo aquél que sea  diferente, que no piense como ellos. Ya no hay diferencia entre el enemigo  extranjero y el vecino que piensa distinto.

 Pierde el que es vencido, y tiene que levantarse de las cenizas de lo que  quedó de su pueblo, y cargar con el dolor de sus hijos que preguntan: ¿por qué?, y reciben un silencio por respuesta. Pierden la guerra y vuelven a  perder cuando sus hijos crecen con el odio en sus venas, por esos soldados  que se llevaron a sus padres y que lo hicieron en su propio país; ellos, los  invasores, vinieron y los mataron, destruyeron a sus pueblos, mataron a sus seres queridos y luego se fueron, dejando todo hecho cenizas y todo… ¿por qué? Es necesario cambiar dentro del ser humano el paradigma que lo mueve a luchar cuando la comunicación falla.