Si meramente recuerdan, estarán siempre comparando; la comparación engendra envidia y sobre esa envidia se basa toda nuestra sociedad adquisitiva. La comparación jamás dará origen a la comprensión. En la comprensión hay amor, mientras que la comparación es mera intelectualización, es un proceso mental que consiste en imitar, en seguir, proceso en el que siempre existe el peligro del conductor y el conducido.

¿Alcanzan a ver esto? En este mundo, la estructura de la sociedad se basa en el que conduce y los que son conducidos, en el ejemplo y los que siguen el ejemplo, en el héroe y los adoradores del héroe. Si investigan este proceso de conducir y ser conducido, encontrarán que cuando siguen a otro no hay iniciativa. No hay libertad ni para ustedes ni para el que conduce; porque ustedes crean al que les conduce y entonces éste les controla. En tanto estén siguiendo un ejemplo de renunciamiento, de grandeza, de sabiduría, de amor, en tanto tengan un ideal que deba ser recordado y copiado, habrá inevitablemente una brecha, una división entre el ideal y la acción que desarrollan. Un hombre que realmente ve la verdad de esto, no tiene ideales ni ejemplos, no sigue a nadie. Para él no hay ni gurú ni mahatma ni conductor heroico. Está comprendiendo constantemente lo que hay dentro de él mismo y lo que escucha de otros, ya sea de sus padres, de un maestro, de una persona como yo, que ocasionalmente entra en su vida.