Llegué en la misma década que las carreteras, los aviones y el alfabeto. El antiguo orden corría el riesgo de desaparecer sin que nadie diera cuenta de ello. El antiguo orden no se mezcla con el nuevo. La sabiduría de la sabia, aunque genuina, no tiene nada que ver con el mundo de mañana. Creo que siempre fue así con la llegada del alfabeto. Ahora, la nueva generación está absorta en el nuevo saber y quiere olvidar los hongos que ayer aún les inspiraban temor, prefiere al joven doctor en medicina de la ciudad que a la mujer-sabia, que no aprende ni olvida el lenguaje de sus antepasados…

(Wasson 1980).