Donde uno esté, es un viaje. La búsqueda de sí no termina nunca.

Son las doce de la noche. Te acuestas solo en tu cama. Dejas tus angustias temporales a un lado para que el cuerpo se quede tranquilo. En ese momento intentas dejar de lado los deseos, las emociones, los pensamientos, y si vienen dejas que pasen como si fueran nubes.

Una vez que haces eso, empieza tu viaje. El desprendimiento de ti. ¿Quién soy?, piensas. Y a medida que lo haces, ves que no eres ni esto ni lo otro, hasta que te pones a pensar en quién piensa.

Luego te divides y te ves pensar. ¿Quién me ve pensar? En ese momento empiezas a buscar, hasta llegar a un punto donde generalmente te quedas dormido. Vas a llegar a tu vacío central. El viaje de uno es hacia un vacío. Pero si logras no dormirte, entras en tu luz central, algo que logran pocas personas.

Y sólo gente como el Buda llega al centro de la luz. Cuando se logra, corresponde a la frase que dice ‘cuando una flor se abre, es primavera en todo el mundo’. Por eso se llama la iluminación”. Es encontrar esa luz interior que abarca toda tu vida y que cambia todos tus sentimientos, todos tus deseos, todas tus necesidades. En ese momento te haces útil para el mundo, aunque lograrlo es mucho trabajo. Es el trabajo de toda una vida. Es el viaje interior🙂