Definiciones de la Toltequidad

Por Frank Díaz

La Toltequidad se puede definir como el mensaje de la Serpiente Emplumada al ser humano, un mensaje que dignificó la tierra de Anawak, convirtiéndola en templo del Ser Supremo.

“Porque es tu casa, Dador de vida, porque aquí imperas tú, nuestro Padre, en Anahuac se ha escuchado un canto en tu honor y por doquier se derrama.” (Cantares de los Señores, Retorno de los guerreros)

Un aspecto remarcable de la Toltequidad, es su refinamiento. Otras religiones del mundo se limitan a velar porque sus fieles sean obedientes a ciertos mandamientos; en el antiguo México, además, se les exigía el cultivo de los sentidos. El término Tolteca no significa creyente, sino artista, y, por extensión, persona culta.

En los mejores momentos de México, con una educación gratuita, obligatoria y generalizada, no había pretextos para ser un salvaje. De ahí que el consejo de los textos sagrados sea: “Conoce los símbolos, las palabras. Canta bien, habla bien, conversa bien, responde bien, ora bien. La palabra no es algo que se compre.” (Olmos, Huehuetlahtolli)

“La ley es que se cante; es la ley de la Hermandad, la ley de la Nobleza (espiritual).” (Cantares, Canto a Mixcoatl)

“Cuanto puedas produce, ambiciona las flores de Aquel que te dio la vida, de Aquel por Quien vivimos.” (Cantares, Canto a Mixcoatl)

Un verdadero tolteca en Anawak sabía leer y escribir, y, por eso, estaba en contacto con la sabiduría legada por los antepasados. Como observamos en los siguientes versos, la importancia de la transmisión del saber hizo que la escritura misma, así como la lectura y la música mnemotécnica que le acompañaba, llegasen a ser sinónimos de autoridad, en un sentido cultural:

“Los que leen, los que relatan, los que ruidosamente despliegan las hojas de los códices, los que poseen la tinta negra y roja, las pinturas, ellos nos llevan, nos guían, nos señalan el camino.” (Libro de los Coloquios)

“Allá, en la Casa de Nuestro Origen, estaban los sabios, los poseedores de códices, los dueños de las pinturas, los que llevaron todas las artes de los toltecas… Todo lo llevaron consigo: los libros de cantos, la música de las flautas.” (Códice Florentino)

Como depositario de la experiencia histórica, el tolteca era una persona de alta responsabilidad en su medio social. Su conducta servía de dechado en prácticamente toda forma de actividad útil. Veamos unas definiciones tomadas de los Wewetla’tolli que conservó el padre Sahagún:

El tolteca como líder de su comunidad: “El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no ahuma. Hace sabios los rostros ajenos, les hace tomar corazón. No pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.

“El sabio es luz, tea, espejo horadado por ambos lados. Suya es la tinta, los códices; él mismo es escritura y sabiduría, camino, guía veraz para otros; conduce a las personas y a las cosas, y es una autoridad en los asuntos humanos.”

El tolteca como jefe de la familia: “He aquí al verdadero padre: es raíz y principio de linajes. Bueno es su corazón, receptivo, compasivo, preocupado. De él es la precisión, el apoyo; con sus manos protege, cría, educa, da ejemplos para vivir, pone delante un gran espejo. Por él todos somos confortados, corregidos, enseñados. Gracias a él, el niño humaniza su querer y recibe una estricta educación.”

El médico tolteca: “El médico verdadero da vida, conoce por experiencia las hierbas, minerales, árboles y raíces. Prueba sus remedios, examina, experimenta, alivia enfermedades, da masajes, compone los huesos, hace purgas, sangra, corta, cose, hace reaccionar y cubre con ceniza. Conforta el corazón ajeno, da alivio y sanación.”

El artífice tolteca: “El verdadero tolteca es un hombre conocedor de colores. Sabe de aplicaciones y armonías. Dibuja pies, caras, sombras, logra efectos. Como tolteca, pinta los colores de todas las flores.”

El tolteca como investigador esotérico: “El verdadero sabio es cuidadoso; respeta la tradición, posee la transmisión del conocimiento y lo enseña a otros, sigue la verdad. Nos hace tomar un rostro y desarrollarlo, abre nuestros oídos, nos ilumina. Es maestro de maestros.

“El falso sabio, en cambio, es como un médico ignorante o un hombre sin cordura; dice que tiene la tradición, pero es sólo vanagloria, sólo tiene vanidad. Amante de la oscuridad y los rincones, es un ‘sabio’ misterioso, un ‘brujo’ con secretos, un ‘soñador’ que estafa a su público, pues les despoja de algo. En lugar de aclarar, encubre las cosas, las torna difíciles; hace perecer a sus seguidores a fuerza de misterios; acaba con todo.”

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