El acto de alimentarnos, ha de­­ realizarse bajo los mismos principios que la meditación. Cada cosa que nos llevemos a la boca debe ser elegida de un modo consciente y con unos propósitos específicos. Si nos rendimos al puro instinto del hambre y simplemente nos llenamos la panza con lo primero que encontremos, pensando que la cosa está en  llenar un vacío o algo así, no nos estamos alimentando sino llenando de toxinas y desequilibrando el organismo.

El proceso de nutrición, comienza desde la elección de aquello que nos va a aportar la energía necesaria para que nuestros procesos vitales sigan su curso. Los científicos dicen que necesitamos un porcentaje determinado de calorías, que, a modo de combustible, haría funcionar la máquina de nuestro organismo. Esto es falso. El organismo no necesita ningún combustible para su funcionamiento, porque no somos una máquina. El alimento no lo es todo para el sustento, de hecho es sólo una mínima parte de toda  aquella energía con la que necesitamos interactuar, la mayor parte proviene de la respiración y la luz.

El acto de alimentarse no es más que un acto de intercambio, una interacción de nuestra energía con la energía cósmica, y la fluidez y grado de consciencia de este acto es lo que determina el nivel de compenetración. Es decir, tenemos que saber  qué es lo que vamos a tragar y todo lo que va a pasar dentro de nuestro cuerpo (vehículo de viaje) con eso que tragamos. 

Para empezar, debemos concebir a nuestro organismo, como parte de una red que engloba toda la tierra y sus múltiples organismos. El cuerpo humano está lleno de bacterias y virus que coexisten con nosotros y sin los cuáles no podríamos existir ni haber llegado a ser lo que somos, en una continua simbiosis. Lo que consumimos, no sólo tiene que ser también bueno para ellos, nuestros inquilinos internos, sino también para todos los otros seres que pueblan el planeta. Respetando este equilibrio, nos respetamos a nosotros mismos. No podemos vivir creyendo que somos seres conscientes si no sabemos de qué nos alimentamos y qué repercusión tiene eso para toda la Tierra.

Si somos conscientes del daño que hace al planeta, por ejemplo, el consumo de carne, debemos saber ciertos datos que demuestran la insostenibilidad medio-ambiental de la cultura carnívora.

“Para la obtención de 1 Kg de carne de vaca se necesitan 15.000 l. de agua y 15 Kg de cereales. De un cultivo de 100 m cuadrados de soja se obtienen 5 Kg de proteína. Si se utiliza para alimentar al ganado, sólo se conseguirá 1/2 Kg de carne. 

– El 80 % de los recurso acuíferos del planeta se destina al consumo del ganado. 

– El modo de vida carnívoro del 25 % de la población mundial, se queda con más de la mitad de la producción total de grano, en un planeta con casi mil millones de personas desnutridas. Si cada habitante del primer mundo redujera su consumo de carne en un 10 %, el grano sobrante bastaría para alimentar a los 60 millones de personas que mueren cada año de hambre. 

– Durante su vida, un consumidor medio de carne occidental come 11 vacas, 43 cerdos, 36 ovejas y 1.100 pollos. 

– Contribuimos a la manipulación industrial de animales, sometidos demasiado a menudo a unas condiciones terribles de vida, hacinados en diminutas jaulas toda su vida sin poderse casi mover, separados de sus hijos al nacer, engordados exagerada y artificialmente, enfermos y cebados con antibióticos para mantenerlos vivos en ese cruel entorno.“

Citado de : http://www.alejandrovaquerizo.com/page4/page2/page2.html
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Después de leer esto, lo más natural sería simplemente dar un paso al frente en la defensa de la tierra. Este, por supuesto, debido a que nuestro ego no es capaz de semejante sacrificio, es un acto posterior al conocimiento de que el mito de las proteínas provenientes únicamente de la carne ha sido un invento de las industrias cárnicas para mantener a la gente enganchada a la maquinaria de consumo. Las proteínas, están también presentes en los vegetales, y son mucho más saludables que las de origen animal. Importante también informarse acerca de la cantidad de hormonas, antibióticos y antidepresivos que les inyectan a los animales estabulados (la mayoría de las granjas actuales) las cuales van a parar directamente a nuestra sangre…

Los efectos que ejercen estas sustancias químicas dentro de nosotros, responden a los intereses del sistema de tenernos bajo control, débiles y sin energía, para que sigamos dormidos y trabajando como esclavos autómatas a su servicio.

La Industria Farmacéutica, se ha adueñado de todas las mentes y bolsillos, poniéndose a sí misma el sello de lo oficial. De esta manera, opera sobre la salud de la población, de la mano de la OMS, dictando un esquema de vida que responde a los imperativos del neoliberalismo. La apología del Libre Mercado dice que en esta vida lo importante no es que estés equilibrado con tu entorno, sino que tengas dinero y poder sobre otros. Que el más débil perezca en la batalla es una cuestión natural, dicen, puesto que todo es una batalla  por comer o ser comido. Extraña manera de ver y hacer las cosas… 

La vida nos demuestra que hay muchas otras fuerzas más importantes en los procesos de existencia que la competitividad. Si no funcionáramos a través del cuidado mutuo, la colaboración y la integración, nos hubiéramos extinguido hace ya mucho rato. La vida es ante todo una cópula sagrada, un unión y continua transformación en torno a viajes compartidos, experiencias colectivas interconectadas, vibraciones en sintonía.

En un tipo de sociedad que no haya perdido su vínculo con la tierra la gente sabe de los ciclos de origen del alimento y su posterior devolución a la tierra. Sus habitantes VEN cómo nace todo, y se vive una co-relación del humano y su entorno vivo. La existencia transcurre en comunión con los animales, con las plantas sagradas, y se mantiene la sabiduría de la curación natural, que nos armoniza con los elementos. Todo son claves a nuestro alrededor, nos hablan las mareas, las lunas, los vientos y los soles.

¿Cuándo fue que empezamos a creer que estos eran solamente cuentos antiguos? ¿Desde cuando la humanidad tiene como dogma el creer solamente en la “ciencia“ oficial? Muy poco tiempo comparado con nuestra larga existencia en la Tierra.

En el mundo de las ciudades y lo que se llama la sociedad moderna, el vínculo con la tierra se ha perdido, esto es un hecho. Las personas han llegado incluso a aceptar como cierto CREENCIAS tales como que el polen de las flores de la primavera puede enfermarlos, lo cual significa ser víctimas de una estrategia de los poderes financieros para seguirte vendiendo la palabra PROGRESO como símbolo de desconexión con lo vivo. Esto es, se acepta como parte de la vida ser dependiente de las máquinas y estar rodeado de  cosas hechas por máquinas y actuar uno mismo como una especie de máquina, hasta el punto de que la VIDA real: la tierra, los animales, las plantas, parece ser algo prescindible…

El sistema social bajo el que vivimos, pone los valores del dinero por encima de todas las cosas, es decir, toda la estructura social está regida por el mercado, y qué es el mercado? pues una constante especulación monetaria que juega con el modo en que vivimos, con lo que consideramos necesario para vivir y por tanto lo que consumimos.

La manera en que este proceso de compra-venta se realiza es manipulando nuestra percepción, a través de los medios y la publicidad en específico. Parece que todos sabemos que los anuncios publicitarios son mentira, pues están usando el lenguaje visual o audiovisual para sugestionarnos con ideas que muchas veces de un modo inconsciente pasamos a aceptar como ciertas. Sin embargo, en verdad vivimos ignorándolo.

Tal es el caso, por ejemplo, de un spot publicitario donde se sugiere que el refresco Fanta aminora los efectos del catarro, apelando únicamente a las propiedades hidratantes que puede tener el agua dentro de su composición. Esto se podría ver, a través de ojos poco suspicaces como una media-verdad-graciosa-que-quiza-pueda-ser-cierta, o como una vil manipulación de la industria que por venderte ilusión te vende mentiras por un tubo.

El caso de los zumos de fruta, que supuestamente contienen vitaminas incluso añadidas, es otra falsedad. Cualquier fruta ­minutos después de exprimida ya ha perdido sus vitaminas, así que cuando compras zumos de fruta envasados, están comprando un agua cara, llena de aditivos químicos. Es decir, algo peligroso y totalmente innecesario. Las bebidas con gas, tienen el añadido de dióxido de carbono. Si, ese mismo gas que sueltan los coches, derivado de la combustión del petróleo.

La sociedad se muestra analfabeta de modo general con respecto a la materia nutricional. Existen  muchos grupos de estudio que intentan aproximarse, y cada cual desde su visión aporta diferentes luces. Creo que es válido estudiarlos a todos, sobretodo a las tradiciones más antiguas, para alcanzar la meta de hallar una fluidez relativa a nuestro propio ser, no adaptando esquemas de otros sino re-creando nuestro propio sistema, abiertos e interactuando con las experiencia de otros. En  cualquier caso, hay que empezar por investigar qué es lo que ingerimos.

Existen razones bastante objetivas que nos harían eliminar los productos procesados si queremos asumir una dieta equilibrada. Estas son:

-Están llenos de sustancias químicas que hacen que se conserven durante tiempos tales que de modo natural ya estarían descompuestos, en el caso de los conservantes. Esto te dice que esta llamada conservación es artificial, y lo que te estás comiendo ya no conserva nada vivo dentro, sólo un soporte físico carente de energía vital, y lleno de sustancias nocivas. Por ejemplo:

El aspartamo es un edulcorante artificial sintético presente en todos los alimentos procesados etiquetados como “sin azúcar“ y en todos aquellos en los que especifica “edulcorante“ en el listado de ingredientes sin mencionar el azúcar. También se identifica por los componentes E-91. Esta sustancia química provoca y desarrolla cánceres de diversos tipos, ya que tiene un efecto acumulativo en el organismo.

El flúor, es un supresor mental asociado al Alzheimer y a la aparición de modernas enfermedades degenerativas, que fue introducido por los nazis en el suministro de agua potable a la población, actualmente se sigue añadiendo al agua, -aunque en algunos países de la CEE hace años que fue prohibido- y a muchos productos especificados “con flúor añadido“ como pastas dentales, chicles, etc. La proveniencia fundamental del flúor contenido en estos productos, viene de los desechos de la industria del aluminio.

¿Qué son los alimentos refinados? Pues subproductos alimenticios empobrecidos, resultado de una manipulación industrial. No hay más que ver el proceso de obtención de la azúcar blanca, tan sofisticado que nos hace ver claro el porqué es la droga más adictiva que hay, que tiene enganchada a un alto porcentaje de la población, empezando por los niños. Nada, que se tienen bien trabajada la receta química los poderosos, y no la consideran ilegal.

“Está en la naturaleza del todos los adictos negar que tienen una adicción. Y también lo está apuntar hacia otros adictos y decir “Mi problema no es tan serio como ese”. Especialmente los adictos al azúcar sufren de esta forma de negación, en parte porque en nuestra cultura se subestima grandemente el poder del azúcar como droga. Los anuncios nos empujan a consumirla, las gigantes corporaciones alimenticias nos empujan a consumirla y las situaciones sociales nos empujan también. el azúcar se ha convertido en el mayor contaminante de nuestras comidas. Por otra parte, la negación viene del hecho mismo de que el azúcar afecta el plexo solar, el asiento de la auto estima. Y para dar salida al auto odio resultante, los adictos al azúcar se comprometen en buscar fuera de ellos la adicción. Mantén una mente abierta acerca de esto. Parte de esto quedará registrado y trabajará en tu conciencia superior, no importa cuan vehementemente lo rechaces a nivel conciente.“

Cunningham, Danna y Andrew Ramer: Further dimensions of healing addictions, Cassandra
Press, CA, USA, 1988.

Las harinas refinadas, también son altamente adictivas y acidifican el organismo, que en un estado natural sería alcalino, lo cual reduce el metabolismo. Su uso excedido provoca múltiples enfermedades, además de mantenernos  cansados y con sueño, debido a sus efectos calmantes.
El control que ejerce el sistema sobre la población, se vale de recursos tales como esteriotipar los patrones de consumo, mediante la divulgación de una ciencia oficial que justifica a este aparato y va en contra de la libertad de los seres humanos.

Mantener a los adictos como seres dependientes de la maquinaria que suministra la droga, es el objetivo de todo drugdealer, y como tal, el sistema instituye su negocio. Al retener a la población  enganchada a drogas legales que influyen de modo supresor en sus mentes -mientras prohíbe las que acrecientan la consciencia-, no hace más que demostrar sus verdaderos intereses, claramente contrarios a la vida.

Si permanecemos unidos a esa maquinaria, seremos como esos animales sin derechos que viven una mísera vida en prisión, consumiendo grandes cantidades de anti-depresivos y calmantes y hormonas sintéticas; sirviendo de cobayas reproductoras a la élite oligárquica, -previa renovación de la especie a través de punteras manipulaciones genéticas- para garantizar surtido de nuevos esclavos, que alimentarán a sus amos.

Es hora de de abrir los ojos y preguntarse si cada uno de nuestros actos es una elección consciente, y hasta qué punto estamos comprometidos con ese “darse cuenta“ que nos abre las puertas….

María Villares 13 de junio de 2011  (http://maricarmenvillares.blogspot.com/2011/06/que-somos-la-nutricion-como-una.html#more )