El talento no se puede medir cuantitativamente. Por eso es una idiotez jerarquizar a Darwin, Einstein, Freud por su cantidad de talento. Porque lo que les hace genios no es su cantidad de genio, sino que el suyo era único e irrepetible.

¿Por qué nos empeñamos entonces en medir el talento de nuestros estudiantes siempre con el mismo patrón? Midamos el esfuerzo y premiémoslo, pero no el talento. Y al final, la gran enseñanza de la escuela debería ser que el esfuerzo se premia a sí mismo: no requiere gratificaciones.

No hay estudiantes mediocres, sino personas que aún no han encontrado su talento: ayudémoslos a encontrarse

*Extracto de una entrevista con Susan Greenfield, baronesa en la Cámara de los Lores; neurocientífica en Oxford.