Las curanderas… habían tomado pues, un total de 30 mg de psilocibina. Después de otros diez minutos el espíritu del hongo comenzó a actuar. María Sabina empezó a entonar su canto…

Albert Hofmann
Teonanácatl (1978)

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Al anochecer del 11 de octubre de 1962, en la remota aldea mexicana de Huautla de Jiménez, situada en la Sierra Madre Oriental de Oaxaca, el químico Suizo Albert Hofmann dio 30 mg de psilocibina sintética a María Sabina, a su hija y a otro chamán Mazateca.

Hofmann dio también 10 mg de la sustancia a R. Gordon Wasson, quien siete años antes se había convertido en el primer forastero que tomara deliberadamente los hongos sagrados de México, iniciándose al sacro misterio de la mano de María Sabina.

Hofmann pudo obtener diversas muestras de los hongos de María Sabina a través de Wasson, de forma que en su laboratorio de la compañía Sandoz Ltd. de Basilea consiguió aislar y caracterizar sus principios activos, a los que llamó psilocibina y psilocina.

Hofmann había conseguido sintetizar ambas sustancias y volvía ahora a México con “el espíritu de los hongos en forma de pastillas”, con la esperanza de ofrecer el nuevo fármaco a un chamán experimentado en el uso de los hongos (Hofmann 1978b).

Bajo el influjo de las pastillas de psilocibina, María Sabina celebró una velada (palabra española usada por los indios Mazatecas para referirse a una ceremonia de cura con los hongos) para Wasson, Hofmann, su mujer Anita y Irmgard Weitlaner Johnson, una de las primeras forasteras en tomar parte en el ritual de los hongos.

Aunque la psilocibina sintética tardó algo más en actuar, María Sabina dijo más tarde que no había diferencia entre las pastillas de Hofmann y los hongos. Además de demostrar de forma concluyente la validez de los trabajos de Hofmann, la histórica prueba de María Sabina se convirtió en un clásico de los experimentos científicos, sin parangón en la larga historia de la farmacognosia.

Albert Hofmann
Teonanácatl (1978)